Pintura y poesía

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lunes, 18 de noviembre de 2019

Estilo del fantasma

En la noche (1984).
Nemesio Antúnez (Chile, 1918 - 1993).
Museo Irlandés de Arte Moderno (IMMA), Dublín, Irlanda.

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.

Aun mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche “Dios” lloraba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: “te quiero”
cuando hablas con “tu” Pablo, sin oírme jamás.
El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.

Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

Publicado en Selva Lírica, 1916.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

martes, 1 de mayo de 2018

Pablo de Rokha. Epitafio en la tumba de Juan el carpintero.

Tríptico de la Anunciación, ala izquierda (1427 - 1432).
Robert Campin (Países Bajos, 1375/79 – 1444/45).
Óleo sobre panel
Museo Metropolitano Arte de Nueva York (MoMA), Estados Unidos.

“Aquí yace ‘Juan, el carpintero’; vivió setenta y tres años sobre la tierra, pobremente, vio grandes a sus nietos menores y amó, amó, amó su oficio con la honorabilidad del hombre decente, odió al capitalista imbécil y al peón canalla, vil o utilitario; -juzgaba a los demás según el espíritu-.

Las sencillas gentes honestas del pueblo veíanle al atardecer explicando a sus hijos el valor funeral de las cosas del mundo; anochecido ya, cantaba ingenuamente junto a la tumba del rorro, -un olor a virutas de álamo o quillay, maqui, litre, boldo y peumos geniales perfumaba el ambiente rústico de la casa-, su mujer sonreía; no claudicó jamás, y así fue su existencia, así fue su existencia.

Ejerció diariamente el grande sacerdocio del trabajo desde el alba, pues quiso ser humilde e infantil, modesto en ambiciones; los domingos leía a Kant, Cervantes o Job; hablaba poco y prefería las sanas legumbres del campo; vivió setenta y tres años sobre la tierra, falleció en el patíbulo, POR REVOLUCIONARIO. R. I. P.”

de Los gemidos (1922)

Pablo de Rokha (Chile, 1895 – 1968).

jueves, 4 de enero de 2018

Pablo de Rokha. Balada de Pablo de Rokha.

 
El poeta Pablo de Rokha
Mario Saavedra Canalesseyeoye  (Valparaíso, Chile)
Óleo sobre cartón

Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, a1 azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque si; moriría si no cantase, moriría si no cantase; el acontecimiento floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen e ignora el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores, zafias, cuotidianas, prosaicas y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar.. . -he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha.

Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, dinámicas me rigen, mi canción natural, polifónica se abre, se abre al mis allá del espíritu, la ancha belleza subconsciente, trágica, matemática, fúnebre, guía mis pasos en la oscura claridad; cruzo las épocas cantando como en un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, sonámbulas, apartando la vida externa -conceptos, fórmulas, costumbres, apariencias-, mi intuición sigue 1os caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz; todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos.

Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, sólo dolor mamo en los riñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares absurdos, inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible, crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasi6n gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.

Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra delos lagos, he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone a1 fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome, a medianoche, los eternos ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas; - . . . “buenos días, buenos días árbol”, dije a1 reventar la mañana, sobre las rubias cumbres chilenas, y mis tarde clamaba: “estrellas, sois estrellas, oh ! prodigio . . .”

Mis pensamientos hacen sonar los siglos, todos los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituye el principio y la razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad; los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto de los gestos, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar.

Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplísimas, mínimas, simplísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen a1 cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste, triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo, está en los quinientos horizontes geográficos ; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, dan frutos rurales a fines de agosto, maduran todo el año y desde nunca, desde nunca; anarquistas, estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigantesca realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente, ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentaréis los dedos miserables! . . .

Ariel y Calibán, Egipto, Grecia, Egipto y sobre todo Chile, los cuadrados países prehistóricos, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los hombres, los hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de pie1 terrosa y lejano mirar lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, maravilloso orienta mis palabras, y rodaré sonando eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal en donde anidan todos los gorjeos del mundo . . .

De Los gemidos, 1922.


Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

sábado, 12 de agosto de 2017

Pablo de Rokha. Aventurero.

El acuarelista (2005)
Zafet Zec (Bosnia, 1943)
Óleo sobre tela

Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado,
de tiempo a tiempo
                                     tendido
de mundo a mundo.

                 ¡Voluntad!

                 Soy el hombre de la danza oscura
y el ataúd de canciones degolladas;
el automovilista lluvioso,
sonriente de horrores, gobernando
la bestia ruidosa;
el tallador en piedra de catedrales hundidas:
el bailarín matemático y lúgubre.
coronado de rosas de equilibrio;
el vendedor de abismos, trágico,
dt cabellera de ciudades
y un canto enorme en la capa raída.

                  Tren nocturno
con ]as hojas marchitas y un vientre humoso.

                  ¡Ay! cómo aúllan en la tierra cóncova y madura
mis leones muertos...
Voy de estrella en estrella
acariciándole los pechos violados a las guitarras.
con mi mano única;
¡oh! jugador,
agarro mi gran rueda de espanto,
despernancada,
y la arrojo contra las estrellas,
arriba del cielo, más arriba del cielo
que no existe.

                    Y suelo estarme cuatro y cincn mil lunarios,
como un idiota yiejo,
jugando con bolitas de tristeza,
jugando con bolitas de locura
que hago yo mismo manoseando la soledad;
entonces me río,
con mis 33 dientes,
entonces me río,
entonces me río,
con la risa quebrada de las motocicletas,
colgado de la cola del mundo.

                       La campana negra del sexo
toca a ánimas adentro de mi melancolía,
y una mujer múltiple y una
múltiple y una
como un triángulo de setenta lados y muchos claveles.
se desnuda multiplicando las heridas
sobre mis mundos quemantes y llenos de senos de mujeres estupefactas.

De Agonal, 1925.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

domingo, 2 de julio de 2017

Pablo de Rokha. Nocturno muy oscuro.

Entrando en la noche (1973)
Francisco Toledo (México, 1940)
Acuarela sobre papel

La noche inmensa no resuena, estalla
como un bramido colosal, retumba
con un tremendo estruendo de batalla
que saliera de adentro de una tumba.

Fue un pedazo de espanto que restalla
o una convicción que se derrumba,
una doncella a quien violó un canalla
y una montura en una catacumba.

Calla con un lenguaje de volcanes,
como si un escuadrón de capitanes
galopara en caballos de basalto.

Porque el silencio es tan infinito
tan espantoso y grande como un grito
que cae degollado desde lo alto

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

lunes, 26 de junio de 2017

Pablo de Rokha. A la manera de antaño.

La casa del ahorcado (1873)
Paul Cézanne (Francia, 1839 - 1906)
Óleo sobre lienzo
Museo de Oesay, París, Francia. 

Gran hogar patriarcal lleno de nidos,
de muérdagos y rémoras felices;
un pan de sal para los días idos
y un pan de mar para los días grises.

La proa afronta contra la ola (heridos),
a los corsarios sobre cien países,
o andamos por la aldea atardecidos
tragando sol o cazando perdices.

Le invade de chacales la retórica,
pero yo echo la orinada histórica
sobre sus catres de metales blandos.

Y aunque toda la horda nos acosa,
medio a medio de los caminos, rosa
de humo y piedra, la tribu está brillando.


De Dinamo, 1925

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

martes, 4 de abril de 2017

Pablo de Rokha. El viajero de sí mismo.

El campesino sentado (1899)
Paul Cezanne (Francia, 1939 - 1906)
Óleo sobre tela
Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

Voy pisando cadáveres de amantes
y viejas tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del gran sepulcro universal tragado.

Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,
pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.

Mi amor te muerde como un perro de oro,
pero te exhibe en sus ancas de oro.
Wínétt, como una flor de extranjería.

Porque sin ti no hubiera descubierto
como una jarra de agua en el desierto
la mina antigua de mi poesía.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

viernes, 3 de junio de 2016

Pablo de Rokha. Obsesión del matrimonio provinciano.

El cumpleaños (1915)
Marc Chagall (1887 - 1985)
Óleo sobre Cartón
Museo de Arte Moderno de Nueva York, Estados Unidos.

Con hachazos de bandera, de océano, de manzana,
por adentro resplandeciendo, infinito de absoluto y gran aurora,
a soledad incendiada oliendo, o sonando
con espantoso lamento de águila o máquina de cementerio a la orilla del
mundo,
así, rompiendo tus entrañas, penetrándote.

Tú y tu flor de muchacha, aquí, conmigo.
en piedra, en visceras, en hierro y eternidad abrazándonos,
contra y cuando en ese límite braman las palomas
y la violeta saca la espada de dios, entre los corsarios enfurecidos,
porque el clima del siglo suda a pólvora,
y yo, directo y sin esperanza, tronando con árbol y todo, como un regi¬miento de espaldas,
te esgrimo sobre el hombre, con la sociedad al hombro. Gimiéndote, besándote, lamiéndote, llorándote,
únicamente por ti y en ti relampagueando con relámpagos de montaña, anhelando, con beso eterno, esculpirte.
Es tu música, es tu número, querida,
y la línea melódica de tu acento incomparable,
quien emerge de entre valientes amapolas,
superando los espantos encadenados, su ámbito y su látigo, como de
culebras,
y el horror del himno, Winétt de laurel y tormento.

Todavía la infinita sensación, la cuchilla, la cadena, la rendija del sol,
gritando,
aquella tal palanca, que, enormemente, dura y puja rugiendo, con trabajo
desesperado de agonía, sin mástiles, arrodillado a tus riberas, arranco los años, los potros de los años,
entonces los sujeto con frenos tremendos, y escribo para comparar la eter¬nidad a una laguna en la cual lo que fué revive, retorna, renace, circulando.

Tu juventud soñadora y sanguinaria de virgen silvestre o ídolo, alimentándose de terrores, construyó su mito y su signo, a expensas de esta materia soberbia, que, entre pecho y espalda, se me subleva, y yo satisfice tu ensueño, despedazándome, (¡despedazándome!), construyéndote un universo con las migajas ensangrentadas, mujercita y
azucena,
para tu ser infantil matando toros rojos.

Cosecha de vino amarillo, con estampidos que maduran, agua de fuego, a cuya presencia de esmeraldas derretidas, acuden los pája¬ros muertos contra muertos atardeceres, he ahí que te lamen estos mares, con su actitud de perros de miedo y oro,
amiga.

Contra el invierno que levanta su muralla de árboles desventurados, y te enfría la espalda, echando plumas de agua y suspiros a esa inmensa
atmósfera romántica,
enarbolo tu luz preciosa y morena de entonces,
haciendo poema tu belleza, escribiéndola en las arenas aventureras,
haciendo estatuas de agua de ansia,
haciendo edificios de energía, monumentos de esperanza, imágenes, religión, Dios, la guerra eterna,
levantando tu figura, más allá del tiempo y del espacio, heroicamente, gritando y tocando la trompeta en las tinieblas,
encima del ejército de cenizas, en el cual resplandece una gran cabeza
de muerto.

Así, criatura de estaño, como volando entre espadas.

Recoge los últimos mitos, como quien recibe sangre y muerte en la boca, o como duraznos de pulpa santa.

Autónomo, tremendo, dinámico,
ya asoman las auroras rojas, niña linda, y nosotros lo divisamos el tiempo de las estrellas enarboladas...



Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

martes, 6 de octubre de 2015

Pablo de Rokha. Niña de las historias melancólicas, niña...

Una chica en una silla de mimbre
Jean Hippolyte Marchand
Óleo sobre tela
Galería Nacional de Irlanda, Dublin, Irlanda.

Niña de las historias melancólicas, niña, 
niña de las novelas, niña de las tonadas 
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia 
en el agua de otoño de la cara perdida 
y en los serios cabellos goteados de dramas. 
Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente 
como la eternidad encima de los muertos, 
recuerdo que viniste y has existido siempre, 
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres, 
toda la especie humana se lamenta en tus huesos. 
Llenas la tierra entera, como un viento rodante, 
y tus cabellos huelen a tonada oceánica, 
naranjo de los pueblos terrosos y joviales, 
tienes la soledad llena de soledades, 
y tu corazón tiene la forma de una lágrima. 
Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando 
la cola inmensa y turbia de lo desconocido, 
tu alma enorme rebasa tus huesos y tus cantos, 
y es lo mismo que un viento terrible y milenario 
encadenado a una matita de suspiros. 
Te pareces a esas cántaras populares, 
tan graciosas y tan modestas de costumbres; 
tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales, 
muchacha del país, florecida de velámenes, 
y la greda morena, triste de aves azules. 
Derivas de mineros y de conquistadores, 
ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña, 
y tu abuelo, Domingo de Sánderson, fue un hombre; 
yo los miro y los veo cruzando el horizonte 
con tu actitud futura encima de la espalda. 
Eres la permanencia de las cosas profundas 
y la amada geográfica, llenando el Occidente; 
tus labios y tus pechos son un panal de angustia, 
y tu vientre maduro es un racimo de uvas 
colgado del parrón colosal de la muerte. 
Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga, 
cariñosa lo mismo que el pan del hombre pobre; 
naciste tú llorando y sollozó la vida; 
yo te comparo a una cadena de fatigas 
hecha para amarrar estrellas en desorden.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968)

viernes, 27 de marzo de 2015

Pablo de Rokha. Retrato de adolescencia.

Muchacho con pipa
Pablo Picasso
Óleo sobre lienzo
Colección privada, Nueva York, Estados Unidos.

Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.

Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.

Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.

Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968)

sábado, 17 de enero de 2015

Pablo de Rokha. Círculo.

Edward Hopper
Sol de mañana
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Columbus

A Winétt

Ayer jugaba el mundo como un gato en tu falda;
hoy te lame las finas botitas de paloma;
tienes el corazón poblado de cigarras,
y un parecido a muertas vihuelas desveladas,
gran melancólica.

Posiblemente quepa todo el mar en tus ojos
y quepa todo el sol en tu actitud de acuario;
como un perro amarillo te siguen los otoños,
y, ceñida de dioses fluviales y astronómicos,
eres la eternidad en la gota de espanto.

Tu ilusión se parece a una ciudad antigua,
a las caobas llenas de aroma entristecido,
a las piedras eternas y a las niñas heridas;
un pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas,
y, como un traje obscuro, se te cae el delirio.

Seria como una espada, tienes la trial dulzura
de los viejos y tiernos sonetos del crepúsculo;
tu dignidad pueril arde como las frutas;
tus cantos se parecen a una gran jarra obscura
que se volcase arriba del ideal del mundo.

Tal como las semillas, te desgarraste en hijos,
y, lo mismo que un sueño que se multiplicara,
la carne dolorosa se te llenó de niños;
mujercita de invierno, nublada de suspiros,
la tristeza del sexo te muerde la palabra.

Todo el siglo te envuelve como una echarpe de oro;
y, desde la verdad lluviosa de mi enigma,
entonada la tonada de los últimos novios;
tu arrobamiento errante canta en los matrimonios,
cual una alondra de humo, con las alas ardidas.

Enterrada en los cubos sellados de la angustia,
como Dios en la negra botella de los cielos,
nieta de hombres, nacida en pueblos de locura,
a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia,
debajo de mis sienes aradas de silencio.

Asocio tu figura a las hembras hebreas,
y te veo, mordida de aceites y ciudades,
escribir la amargura de las tierras morenas
en la táctica azul de la trial danza horrenda
con la cuchilla rosa del pie inabordable.

Niña de las historias melancólicas, niña,
niña de las novelas, niña de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas.

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente,
como la eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido siempre,
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

Llenas la tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos huelen a tonada oceánica;
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de una lágrima.

Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola inmensa y turbia de lo desconocido,
tu alma enorme rebasa tus hechos y tus cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario
encadenado a una matita de suspiros.

Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan modestas de costumbres;
tu democracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha del país, florida de velámenes,
y la greda morena, triste de aves azules.

Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña,
y tu abuelo, Domingo Sanderson, fue un HOMBRE;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud futura encima de la espalda.

Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geográfica llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del parrón colosal de la muerte.

Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa, lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste tú llorando y sollozó la vida;
yo te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en desorden.

Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968)