Pintura y poesía

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miércoles, 19 de octubre de 2016

Pedro García Cabrera. Respuesta del estudiante.

 
Protesta estudiantil
Obra representante de Perú
Jornadas Muralistas, IV Congreso Iberoamericano de Cultura
Mar del Plata- Argentina 2011 " Cultura, Política Y Participación Popular”.

Hasta que se nos oiga
hemos de romper puertas,
matar espantapájaros
y derribar estatuas.

Hasta que se nos oiga
colocaremos trapos
de protesta y de lidia
en el tablón de anuncios
de los anacronismos.

Nosotros no tenemos
compromisos con zoos
de fantasmas ni parques
de esperpentos.

Nosotros no queremos
morirnos de tristeza,
ni disecar ocasos,
ni andarnos por las ramas.

No queremos ser carne
de inválidos civiles
mutilados de espíritu,
aun antes del viaje
de final de carrera.

Para que se nos oiga
hemos de quemar pronto
las verdades a medias,
fumigar las palabras
para que nos expresen.

No queremos comprar
cadáveres de cera
con el oro de ley
de nuestros años mozos.

Ni tenemos arrugas
en el rostro. Luchamos
para ser transparentes
como la luz y el agua.

Que nos oigan bien claro.
Nuestra conducta es ésta:
queremos claridades

sin vendajes de nubes.

Queremos sobre todo
dar vida a nuestro sueño
y modelar las sienes
del barro de los días.

Hasta que se nos oiga
seguiremos sentados
a las puertas del hombre
que pone en pie el mañana.

Pedro García Cabrera (Islas Canarias, España, 1905 – 1981). 

sábado, 2 de abril de 2016

Pedro García Cabrera. Elegía de un banco.

 Encanto de la soledad
Leonid Afremov
Óleo (espátula) sobre lienzo

A Arnulfo Córdoba y María Luisa,
en un banquito de la plaza de San Telmo

¿Y puede ser este solar mendigo,
lleno de cales harapientas,
la plaza en la que estuvo
el banco aquel, en el que al hogar de ahora
el amor puso la primera piedra?
El banco ya no existe. Nadie más que nosotros todavía
verlo podrá, ociosamente echado
a la sombra o al sol, junto a unas casas
que en familia vivían sus colores.
Parecía de todos aquel banco,
que no tuviese soledad ni mundos
de silencio interior; pero a nosotros
siempre nos protegía, recordando
que fue árbol con nidos y que tuvo
también su juventud de ramas verdes.
Y de aquel banco público,
huésped de una placita que el mar rumoreaba,
íntimo como un surco,
feliz como una ceja,
levantábase el bosque
de nuestras confidencias,
un enjambre de economías y proyectos,
tu ajuar de novia, pájaros en la voz,
el hormiguero de los días
con su brizna de miel entre las alas
y con su luz amarga en ocasiones.
El banco aquel, una ilusión flotante,
dejaba de ser nube,
tocaba tierra firme
al ponernos de pie para marcharnos,
color la tarde de tus ojos.
Ya el banco no está allí.
La plaza misma
está cayendo a golpes de piqueta,
la abatirá la lanza de una calle
y no tendrá una cruz que la recuerde.
Pero él sigue anidándonos y acoge
nuestros brazos de hoy en su espejo de antes,
proyectada su sombra en nuestros hijos.
Fieles a su amistad, no lo olvidamos
nosotros y la mar, cuyos rumores
ni podrán arrancarlos de la sangre
ni serán derribados por barrenos.
¡Pobre banquito nuestro!
Ojalá que te hubieran enterrado
en la canción de cuna de las aguas,
tendido entre las olas,
desplegadas las velas del recuerdo.
 así a ti mismo fiel continuarías
peregrinando nubes y horizontes
en tu vaivén de tabla enamorada. 

Pedro García Cabrera (Islas Canarias, España, 1905 – 1981).