Pintura y poesía

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sábado, 19 de noviembre de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Lady Sings the Blues.

Blue Moon (díptico, 1986)
Alejo Lopomo (Alejandro Kurt Dreckmann Lopomo, Chile/España)
Acrílico sobre lienzo
www.alejolopomo.blogspot.com

                                                                            Who's prepare to pay the
                                                                       price  for a trip to paradise?
                                                                       Billie Holiday, Love for sale


Gorrión triste que anida entre el piano y el humo, esta garganta
      inventa la sustancia más oscura de la noche.
Revelación de lo que existe detrás de la ingrávida tiniebla de
      los predestinados,
carne inútil e intensa como este canto de embriaguez,
lámpara votiva de las alucinaciones, luna sembrada de alcohol,
muchacha que flota, muchacha que vuela, alambre vivo,
ella nombra el sustrato profundo de los cuerpos,
aguja que teje un sol líquido a la sangre,
oh baby,
quiero dormir.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

domingo, 23 de octubre de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Nocturno, vals, mazurka, polonesa.

Hombre joven tocando el piano (1876)
Gustave Caillebotte (Francia, 1848 - 1894)
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Bridgestone, Tokio, Japón.

Con este piano conozco la dulzura única de un tiempo mío,
tiempo sin fecha y sin memoria,
todo fue, todo es, todo será
este flujo, este juego, esta caricia del piano.
Tiemblo de emoción, aplaudo el encore de Malcuzinski
y vitoreo y aún floto,
alucino entre valses y nocturnos.
Germán a mi lado tiene 16 o 17 años
y yo soy eterno ya,
mortal y eterno como Germán mi amigo de la infancia.
¿Es tan ridículo llorar de la alegría?
¿Puedo confesar este perfume de violetas,
admito mi cielo azul adentro, mi agua fresca en el alma?
Mañanas tranquilas bajo un sol indulgente:
se oye correr el agua, el piano muestra bosques,
verdes campos de cultivo, vacas mudas con ubre generosa.
Chopin hace el milagro.
Chopin detiene minutos y hemorragia.
Chopin es un sedante, sólo este piano y los restos de vida.
El piano, el tres por cuatro del vals atándome a la vida,
Chopin en mi oído anunciándome la lejanía de la muerte.
La música me lleva de la mano 
por fuera del tiempo y por dentro,
por encima de mí,
viéndome otro me lleva de la mano,
soy uno que se aburre, uno que llora,
otro -el más miserable- que con ansias espera:
ninguno de ellos mientras el vals me lleve de la mano,
el vals sopla brisas de paz en mis entrañas,
me enseña a transcurrir,
todo llega, me repite el vals irrepetible siempre,
el vals irrepetible me cuenta la historia de otro más sereno que seré,
en una clave sin acosos me repite algo que todavía ignoro,
otro aprendizaje elemental que no percibo,
que el piano apenas insinúa.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

sábado, 24 de septiembre de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Nocturno.

Puesta de sol en Etretat (1883)
Claude Monet (Francia, 1840 - 1926)
Óleo sobre lienzo
Museo de Bellas Artes de Nancy, Meurthe y Mosela, Lorena, Francia.

Naufraga el sol, entre colores se hunde llevándose el contorno preciso de las cosas,
se corren las cortinas de este cuento.
El azul era azul y es ahora negro.
Detrás de la pared negra de la noche queda el día: a veces, la grieta que abre un rayo 
                                                                deja ver la luz de tres de la tarde en la trastienda.
Pero ahora es la noche, dama negra, luna blanca, hora del sortilegio y del asalto, 
                                                                                 del dulce sueño, del huevo o la gallina.
Se dice que la noche habita en el fondo de los mares. La noche es líquida. 
La noche es humedad, aguacero que se desata entre relámpagos, nubes ciegas 
                                                                                                                    que chocan en la oscuridad,
es pantano arrastrado por tinieblas,
la noche son los ríos depositando limo en los océanos,
la noche es humedad, sudor de cuerpos, saliva de lujuria, semen, savia reciclando oxígeno.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. A la luna pálida.

Noche de Luna (1907)
Vasili Kandinski (Rusia/Francia, 1866 - 1944)
Litografía a color
Galería Estatal Tetriakov, Moscú, Federación Rusa.

Solamente la luna faltaba en esta noche,
en este momento robado a una noche de hace tiempos
muertos que aparecen con la música,
esa aletargada distancia de mi centro
y esa especie de rencor profundo que vive en el lugar que ocupo.
Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad,
solamente tú faltabas en este desolado delirio,
en este oscuro llanto en que me lloro entero.
Apenas tú faltabas, insípida señora blanca de la noche
alumbrando mis trizas y mi aturdimiento,
luna casi amarilla, sucia luna blanca,
pálido velo de luz sobre mi noche triste,
llegas tarde y a tiempo,
apareces detrás de los edificios como si vinieras de otra calle
y puntualmente tu penumbra insinúa
que este día es tan viscoso
como aquel día que fue todos los días hace años,
noche ajena,
luna de otras horas melancólicas,
germen del desprecio y la coraza,
luna maldita, lodosa luna,
luna perversa del insomnio.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

lunes, 18 de julio de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Espejo sobre el papel.

Cazando pájaros en la noche (1874)
Jean Francois Millet (Francia, 1814 - 1875)
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

1.
Noche. Noche de papel
con oscuridad de tinta,
plana y no plana pesadilla
línea y palabra: Babel.

2
¿Felino o ave? Ojos
que ven a quienes los miran
¿Papel de piedra o de tiza?
¿Mera noche del despojo?

3
Todo diario es un bestiario,
basta mirar para adentro
y esta noche y este negro
son espejo y lapidario.

4
Forma pura, cielo duro
el de quien -cansado
y lúcido y azorado-
sabe el tiempo sin futuro.

5
Dejar que la mano ruede,
nada se puede buscar,
pues el arte de encontrar
sólo el instinto lo puede.

6
¿Son los años claridad
o sequedad de una herida,
tiene valor recordar
o quien recuerda alucina?

7
Plancha que te deja ver
el mundo por el reverso
adivinando el anverso,
espejo sobre papel.

8
Color que el negro sí tiene
jugando a ver lo profundo,
negrura que el blanco puede
con los colores del mundo.

9
Sobre el plano y arbitraria
la tinta lega una forma:
llevándonos la contraria
nuestra visión se transforma.

10
Plancha que nació de espejo
de la tinta en el papel,
línea que es arte y es juego
entre la muerte y el ser. 

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947).

domingo, 19 de junio de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Vana memoria que no puede traerte desde lejos…

Nostalgia
Humberto Chaves Cuervo (Colombia 1891 - 1871)
Óleo sobre tela
Colección privada

Vana memoria que no puede traerte desde lejos,
que no te vuelve carne, risa gentil o canto.
Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío,
incapaz de acariciar tu piel distante,
vana y obsesiva memoria que solamente alcanza a repetirme por quién vivo,
que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas.
También ausente eres mi presencia más cálida,
mi más pura nostalgia.



Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947).

sábado, 28 de mayo de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Ah, los mudos retratos…

Proyecto Retrata2-388, 2008 - 2012. (ver video)
Florencio Maillo
Pinturas encáusticas sobre chapa metálica
Mogarraz, Salamanca, España.

Ah, los mudos retratos
sin aroma y sin aire,
construidos con el olor exacto que fue siempre el color del pretérito,
agridulce aparición de nombres olvidados,
de fechas ya amarillas,
de una luna más joven,
fotos mentirosas, de celebraciones vacuas,
que no importan.
Nunca hubo fotos de los instantes claves,
del momento justo del amor,
del preciso paisaje de las obsesiones.
No tengo un retrato de mi abuelo mientras tejía el fique
hablándome con una voz anterior a sí mismo,
ni existe foto de las fachadas de una calle que no he vuelto a ver nunca,
que a veces creo que solamente la he soñado.
Ah, los retratos,
construidos con materia de otro tiempo,
documentos de un olvido distinto y más certero.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947).



martes, 19 de abril de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Recuerdo solamente que he olvidado…

Niños trepando a un árbol (1791 - 1792)
Francisco de Goya (España, 1746 - 1828)
Óleo sobre lienzo
Museo del Prado, Madrid, España.

Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí entre mi cuarto,
como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años, 
al sabor maduro de la mora, 
a todo aquel territorio desconocido por la muerte, 
a esa palpitante luz de la pureza, 
a todo esto que soy yo y que ya no es mío?

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

jueves, 17 de marzo de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Poema.

Sin título 
Safet Sec (Bosnia, 1943)

Este corazón seco, incapaz de otro amor, agotado y solo,
este corazón de precisa prepotencia,
este corazón que ya no llega a la mirada,
este corazón cancelado y cambiado por una especie de helada ternura,
planeó mis iras, proyectó cada aspecto de mis entusiasmos.
Queda el rescoldo de viejas complicidades y el placer de la tarde solitaria
mientras la lluvia se repite:
es cómica la futilidad de toda agonía;
estamos solos.
Este corazón sin sed, este ciego corazón no distingue ya entre el paraíso y el desierto. 



Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947).

lunes, 29 de febrero de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Ese otro que también me habita...

Estudio del insomnio (Autorretrato en el espejo del baño)
Guido Mauas
Óleo sobre lienzo
Argentina

Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio
esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera,
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el
inmotivadamente alegre,
ese otro,
también te ama.


Darío Jaramillo Agudelo (Santa Rosa de Osos, Colombia, 1947).

domingo, 21 de febrero de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Yo huelo a ti.

Flores del prado
John White Alexander
Óleo sobre tela
Colección privada


Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho, 
y ese fino aroma me alimenta,
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947)

domingo, 17 de enero de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Razones del ausente.

Hombre desnudo reclinado
William Etty
Óleo sobre tela
Museo de la Galería de Arte de Hamilton, Ontario, Canadá.

Si alguien les pregunta por él,
díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa
acaso ya nadie reconozca su rostro;
díganle también que no dejó razones para nadie,
que tenía un mensaje secreto, algo importante que decirles
pero que lo ha olvidado.
Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra parte del mundo,
díganle que todavía no es feliz,
si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se fue con el corazón vacío y seco
y díganle que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón
y que ni él mismo sufre por eso,
que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en él mismo,
que tantas cosas que vio apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita del tacto,
díganle que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios, en un día de sol,
díganle que hubo palabras que le hicieron creer en el amor
y luego supo que el amor dura
lo que dura una palabra.
Díganle que como un globo de aire perforado a tiros,
su alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y que ni siquiera está desesperado
y díganle que a veces piensa que esa calma inexorable es su castigo;
díganle que ignora cuál es su pecado
y que la culpa que lo arrastra por el mundo la considera apenas otro dato del problema
y díganle que en ciertas noches de insomnio y aun en otras en que cree haberlo soñado,
teme que acaso la culpa sea la única parte de sí mismo que le queda
y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz
y en medio de tardes de piadosa lujuria y también borracho de vino en noches de lluvia
siente cierta alegría pueril por su inocencia
y díganle que en esas ocasiones dichosas habla a solas.
Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas en sus ojos
y una planta de moras sembrada en su estómago y una serpiente enroscada en su cuello
y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida honradamente,
de adivino, leyendo las cartas y celebrando extrañas ceremonias en las que no creerá
y díganle que se llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,
ciertas complicidades mal entendidas
y el recuerdo de dos o tres rostros que siempre vuelven a él en la oscuridad
y nada.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Darío Jaramillo Agudelo. Algún día.

 
Los enamorados
Pierre-Auguste Renoir
Óleo sobre lienzo
Galería Nacional de Praga, República Checa.

Algún día escribiré un poema
que no mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.

Algún día te escribiré un poema sin pájaros
ni fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.

Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar
los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.

Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré
un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.

Algún día escribiré un poema, el canto de mi dicha



Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947)