Pintura y poesía

Pintura y poesía
Mostrando entradas con la etiqueta - Costa Rica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta - Costa Rica. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de julio de 2017

Isaac Felipe Azofeifa. Se oye venir la lluvia.

Casa de adobes (1885)
Ezequiel Jiménez Rojas (Costa Rica, 1869 – 1967)
Óleo sobre tela.

La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja,
y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron
hachas y azuelas en los cercanos bosques.
El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande,
su agua de fresca sombra.
Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila.
Me escondo en los muebles inmensos.
Abro la despensa para asustarme un poco
del tragaluz, que hace oscuros los rincones.
Corro aventuras inauditas cuando entro
en el huerto cerrado que me está prohibido.
En la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta
sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto,
y su estribillo triste riega en el aire quieto,
paz y sueño sabrosos.

Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros
desde el ancho cajón de las ventanas.
Nunca huele a tierra tanto como esa tarde.
Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante
que se demora, lento, se detiene y no llega,
y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando,
rápidos, mojando,
y lavando sus manos deprisa, tan deprisa, los árboles,
el césped, los arroyos,
los alambres, los techos, las canoas.

Pero también su llanto desolado,
su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto,
sin objeto ni adiós,
para siempre en mi infancia, para siempre.

Llueve en mi alma ahora, como entonces.

Isaac Felipe Azofeifa (Costa Rica, 1909 – 1997).

viernes, 3 de marzo de 2017

Isaac Felipe Azofeifa. Trópico verde.

Entre montañas (2007)
Juan Manuel Hernández (Costa Rica, 1969)
Óleo sobre lienzo

Verde lluvia, vertiente y territorio.
Verde el espacio. La luz verde.
El clima verde. Verdes las colinas.
Las hondonadas y los ríos verdes.
Un lago verde el valle. La montaña
verdeazul, verdemar, verdeprofundo.
Lo cerca y lo lejano en aire verde.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

Roto temblor el verde de los plátanos.
Casi líquida lágrima, el verdor
del sauce. El verde
militar del café, el verdor húmedo
de junco, caña y lirio. Verde música
en el órgano -¡oh verde viento!- del bambú.
La plata verde
del eucalipto. El verdor silencioso
de los pastos, las malvas, las legumbres.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

De mi sangre saltó una estrella verde.
Y verdín, verdinal y verdolaga,
mayo estira su lluvia hasta diciembre
en el trópico verde.


Isaac Felipe Azofeifa (Costa Rica, 1909 – 1997). 

sábado, 22 de octubre de 2016

Jorge Debravo. Hombre.

La agricultura (1948)
Francisco Amighetti (Costa Rica, 1907 - 1998)
Mural al fresco
Museo de Arte Costarricense 
(Trasladado desde su ubicación original en la Casa Presidencial), San José, Costa Rica.

Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa...

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.

Jorge Debravo (Costa Rica, 1938 – 1967). 

sábado, 25 de junio de 2016

Jorge Debravo. Desvestido.

Una chica desvistiéndose 
André Bertounesque (1937 - 2005)

La noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas...

y -por sentirse blanca y alumbrada-
desnudó blancamente tus rodillas.



Luego -por diversión, sin decir nada-
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.



Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y -hablando de un amor vago, inconexo-



porque sí y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche
la noche pequeñita de tu sexo.


Jorge Debravo (Costa Rica, 1938 – 1967). 

domingo, 27 de marzo de 2016

Jorge Debravo. Nocturno sin patria.

Viacrucis Latinoamericano (1992)
15a estación: un nuevo cielo y una nueva tierra
El paño de cuaresma latinoamericano
El resucitado acompaña al pueblo de Dios en su camino
Adolfo Pérez Esquivel (Argentina, 1932)

Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
la tierra es para todos,
como el aire.

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como tiene traje:
que todos tengan tierra
como tienen el aire.

Cogería las guerras de la punta
y no dejaría una en el paisaje
y abriría la tierra para todos
como si fuera el aire...

Que el aire no es de nadie, nadie, nadie...
Y todos tienen su parcela de aire.

Jorge Debravo (Costa Rica, 1938 – 1967). 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Issac Felipe Azofeifa. Itinerario simple de tu ausencia.

Louis George Eléanor Roy
Figura a la luz de la luna
Goauche sobre papel
Museo Norton Simon, California, Estados Unidos.

Podría ponerme a recoger del suelo
la luz desorientada y sin objeto
que ha caído en tu banco.
Para qué voy a hablar
si no está tu silencio.
Para qué he de mirar sin tu mirada.
Y este reloj del corazón que espera
golpeando y doliendo.

Esta noche de luna, y tú, lejana.
Necesito a mi lado tus preguntas
y encontrarte en el aire vuelta brasa,
vuelta una llama dulce,
vuelta silencio y regazo,
vuelta noche y reposo, como cuando
guiábamos la luna nuestra hasta la casa.

Qué manojo de rosas olvidadas.
Qué tibia pluma y mansa luz,
tu cuerpo como un árbol,
como un árbol gritando,
con tanto poro abierto, con tanta sangre
en olas dulces elevándose.
Oh, sagrado torrente del naufragio.
Cómo amaría perderme
y encontrarte.



Issac Felipe Azofeifa (Costa Rica, 1909 - 1997)

martes, 10 de marzo de 2015

José María Alfaro Cooper. Ante mi retrato.

Anciano
Aniceto Marinas
Óleo sobre lienzo
Museo de Segovia, España.

¿Cómo? Este anciano de rugosa frente,
Que tiene todos los cabellos blancos,
Este anciano soy yo, que siento el alma
De amor y de ilusiones desbordando?
Pero si yo no soy, esa es la jaula
De herrumbrados alambre y yo el pájaro
Que en ella vive prisionero y triste,
Que codicia el azul, ama el espacio
Y con la asfixia atroz de la materia
Plegó sus alas y apagó su canto!
Anciano yo que siento los ardores
De gratas juventud enamorado
Del más bello ideal que en sus delirios
Concebir pudo el pensamiento humano
Que goza en contemplar toda belleza:
(como gozaba en mis mejores años)
Grandioso mar, estrellas pensativas,
Gentiles damas, lirios perfumados;
Graciosos, puros, celestiales niños,
Delicias del hogar que amamos tanto!
El hombre es tan feliz cuando disfruta
Del dulce beso de infantiles labios!
Que sería la tierra sin la aurora
De la gracia infantil, noches sin astros!
Yo soy una lira que responde
Al más leve rumor, eco lejano,
Que no siento ambiciones y que llevo
Dentro del corazón un incensario
Para quemar en él como una ofrenda,
Al buen Jesús la mirra de mis cantos;
Que amo a Dios, es decir al Amor mismo,
Al hombre que es un ángel desterrado,
A las humildes bestias que son buenas,
Cuando reciben cariñoso alago;
En los cielos, al sol padre del mundo
Y en los oscuros bosques a los cardos!
Que detesto los odios y venganzas,
Insolencias de grandes y nefandos
Medios de exterminar a las naciones
Cual si todos no fuéramos hermanos!
O, ilusiones quizás de mi ventura,
Yo me siento más joven, como el árbol
viejo que tiende sus frondosas ramas
Llenas de nidos y de arrullos blandos!
Viviendo como vivo entre dos cielos:
El de arriba y mi hogar, ser un anciano!

José María Alfaro Cooper (Costa Rica, 1861 – 1912)