Pintura y poesía

Pintura y poesía
Mostrando entradas con la etiqueta Machado Antonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Machado Antonio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de agosto de 2017

Antonio Machado Retrato (Campos de Castilla).

Retrato de Antonio Machado (1917)
Joaquín Sorolla (España, 1863 - 1923)
Óleo sobre lienzo
Sociedad Hispánica de América, Nueva York, Estados Unidos.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado (España, 1875 – 1939).


sábado, 6 de agosto de 2016

Antonio Machado. A un olmo seco.

El olmo seco (1987)
Agustín Redondela (España, 1922 - 2015)
Óleo sobre lienzo
Chillarón, Guadalajara, España.

  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

miércoles, 21 de octubre de 2015

Antonio Machado. Mis poetas.

Gonzalo de Berceo
Ilustración
Casa de los Capiteles. Logroño, España.

El primero es Gonzalo de Berceo llamado, 
Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino, 
que yendo en romería acaeció en un prado, 
y a quien los sabios pintan copiando un pergamino. 

Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María, 
y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria, 
y dijo: Mi dictado non es de juglaría; 
escrito lo tenemos; es verdadera historia. 

Su verso es dulce y grave; monótonas hileras 
de chopos invernales en donde nada brilla; 
renglones como surcos en pardas sementeras, 
y lejos, las montañas azules de Castilia. 

Él nos cuenta el repaire del romeo cansado; 
leyendo en santorales y libros de oración, 
copiando historias viejas, nos dice su dictado, 
mientras le sale afuera la luz del corazón.

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

martes, 22 de septiembre de 2015

Antonio Machado. La primavera besaba.

Primavera
Sandro Boticelli
Temple de huevo sobre tabla
Galería Uffizi, Florencia, Italia.

La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida
quién te volviera a soñar!

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

viernes, 5 de junio de 2015

Antonio Machado. El crimen fue en Granada: a Federico García Lorca.

Homenaje a Federico García Lorca
Susana Pannullo
Acrílico sobre lienzo
España


1. El crimen

  Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
  
2. El poeta y la muerte

  Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
       «Porque ayer en mi verso, compañera,
       sonaba el golpe de tus secas palmas,
         y diste el hielo a mi cantar, y el filo
         a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
    tus cabellos que el viento sacudía,
     los rojos labios donde te besaban...
     Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
       qué bien contigo a solas,
           por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
          
3. Se le vio caminar...

          Labrad, amigos,
     de piedra y sueño en el Alhambra,
         un túmulo al poeta,
       sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:

        el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

viernes, 3 de abril de 2015

Antonio Machado. Pegasos, lindos pegasos.

El vuelo de Pegaso
Daniel Domínguez García
Óleo sobre lienzo
España

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

lunes, 30 de marzo de 2015

Antonio Machado. Yo voy soñando caminos.

El camino protegido
Claude Monet
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

Yo voy soñando caminos 
de la tarde. ¡Las colinas 
doradas, los verdes pinos, 
las polvorientas encinas!... 


¿Adónde el camino irá? 
Yo voy cantando, viajero, 
a lo largo del sendero... 
—La tarde cayendo está—. 


En el corazón tenía 
la espina de una pasión; 
logré arrancármela un día; 
ya no siento el corazón
. 

Y todo el campo un momento 
se queda, mudo y sombrío, 
meditando. Suena el viento 
en los álamos del río. 


La tarde más se oscurece; 
y el camino se serpea 
y débilmente blanquea, 
se enturbia y desaparece. 


Mi cantar vuelve a plañir: 
Aguda espina dorada, 
quién te volviera a sentir 
en el corazón clavada.

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)

jueves, 12 de marzo de 2015

Antonio Machado. Cante hondo.

Cante hondo
Julio Romero de Torres
Óleo sobre lienzo
Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,

cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

La una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

...Y era el Amor, como una roja llama...
-Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro,
que se trocaba en surtidor de estrellas-.

...Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
-Tal cuando yo era niño la soñaba-.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

Antonio Machado (España, 1875 – 1939)