Pintura y poesía

Pintura y poesía
Mostrando entradas con la etiqueta Lizalde Eduardo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lizalde Eduardo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Eduardo Lizalde. El tigre.


Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (1944).
Óleo sobre tabla.
Salvador Dalí (España, 1904 - 1989). 
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, España.

Hay un tigre en la casa
que desgarra por dentro al que lo mira.
Y sólo tiene zarpas para el que lo espía,
y sólo puede herir por dentro,
y es enorme:
más largo y más pesado
que otros gatos gordos
y carniceros pestíferos
de su especie,
y pierde la cabeza con facilidad,
huele la sangre aun a través del vidrio,
percibe el miedo desde la cocina
y a pesar de las puertas más robustas.

Suele crecer de noche:
coloca su cabeza de tiranosaurio
en una cama
y el hocico le cuelga
más allá de las colchas.
Su lomo, entonces, se aprieta en el pasillo,
de muro a muro,
y sólo alcanzo el baño a rastras, contra el techo,
como a través de un túnel
de lodo y miel.

No miro nunca la colmena solar,
los renegridos panales del crimen
de sus ojos,
los crisoles de saliva emponzoñada
de sus fauces.

Ni siquiera lo huelo,
para que no me mate.

Pero sé claramente
que hay un inmenso tigre encerrado
en todo esto.

de El tigre en la casa, 1970.

Eduardo Lizalde (México, 1929).

viernes, 6 de febrero de 2015

Eduardo Lizalde. Grande es el odio.

El asesinato
Edvard Munch
Óleo sobre tela
Museo Munxh, Oslo, Noruega

Grande y dorado, amigos, es el odio.
Todo lo grande y lo dorado
viene del odio.
El tiempo es odio.

Dicen que Dios se odiaba en acto,
que se odiaba con fuerza
de los infinitos leones azules
del cosmos;
que se odiaba
para existir.

Nacen del odio, mundos,
óleos perfectísimos, revoluciones,
tabacos excelentes.

Cuando alguien sueña que nos odia, apenas,
dentro del sueño de alguien que nos ama,
ya vivimos el odio perfecto.

Nadie vacila, como en el amor,
a la hora del odio.

El odio es la sola prueba indudable
de la existencia.

Eduardo Lizalde (México, 1929)