Pintura y poesía

Pintura y poesía
Mostrando entradas con la etiqueta Belli Gioconda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Belli Gioconda. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de marzo de 2020

Belli Gioconda. Y Dios me hizo mujer.

Un saludo fraterno en el 
Día Internacional de la Mujer
Desnudo Alcatraces en contra (1944)
Óleo Sobre mesonite
Diego Rivera (México, 1886 - 1957).
Colección de Emilia Guzzy de Gálvez

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.


Gioconda Belli (Nicaragua, 1948).

martes, 21 de marzo de 2017

Gioconda Belli. Castillos de Arena.

Castillos de arena
Técnica mixta sobre madera
Venezuela

Por que no me dijiste que estabas construyendo 
ese castillo de arena? 

Hubiera sido tan hermoso 
poder entrar por su pequeña puerta, 
recorrer sus salados corredores, 
esperarte en los cuadros de conchas, 
hablándote desde el balcón 
con la boca llena de espuma blanca y transparente 
como mis palabras, 
esas palabras livianas que te digo, 
que no tienen mas que el peso 
del aire entre mis dientes. 

Es tan hermoso contemplar el mar. 

Hubiera sido tan hermoso el mar 
desde nuestro castillo de arena, 
relamiendo el tiempo 
con la ternura 
honda y profunda del agua, 
divagando sobre las historias que nos contaban 
cuando, niños, éramos un solo poro 
abierto a la naturaleza. 

Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena 
en la marea alta. 

Se ha llevado las torres, 
los fosos, 
la puertecita por donde hubiéramos pasado 
en la marea baja, 
cuando la realidad esta lejos 
y hay castillos de arena 
sobre la playa... 


Gioconda Belli (Nicaragua, 1948). 

domingo, 24 de abril de 2016

Gioconda Belli. Ahuyentemos el tiempo, amor...

Ausencia (2006)
Norma Bessouet (Argentina, 1947)
Óleo sobre lienzo sobre panel
www.normabessouet.com

Ahuyentemos el tiempo, amor,
que ya no exista;
esos minutos largos que desfilan pesados
cuando no estás conmigo
y estás en todas partes
sin estar pero estando.
Me dolés en el cuerpo,
me acariciás el pelo
y no estás
y estás cerca,
te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo
doy vueltas
te busco
y no estás
y estás
allí
tan cerca.

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948). 

martes, 8 de diciembre de 2015

Gioconda Belli.Desafío a la vejez.

 
Señoras
Inge Look
Ilustración



Cuando yo llegue a vieja
-Si es que llego-
Y me mire al espejo
Y me cuente las arrugas
Como una delicada orografía
De distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
Que han dejado las lágrimas
Y las preocupaciones,
Y ya mi cuerpo responda despacio
A mis deseos,
Cuando vea mi vida envuelta
En venas azules,
En profundas ojeras,
Y suelte blanca mi cabellera
Para dormirme temprano
-Como corresponde-
Cuando vengan mis nietos
A sentarse sobre mis rodillas
Enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
Sé que todavía mi corazón
Estará -rebelde- tictaqueando
Y las dudas y los anchos horizontes
También saludarán
Mis mañanas.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Gioconda Belli. Amor de frutas.

La vendedora de frutas
Olga Costa
Óleo sobre tela
Instituto Nacional de Bellas Artes, Ciudad de México, México.

Déjame que esparza
Manzanas en tu sexo
Néctares de mango
Carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
Te beso y todas las uvas sueltan
El vino oculto de su corazón
Sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
El zumo dulce de las naranjas
Y en tus piernas el promegranate
Esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
Que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
Dame a beber fuentes de melocotones y bananos
Racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido
Del que nunca jamás ningún Dios
Podrá expulsarme.

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)

jueves, 11 de junio de 2015

Gioconda Belli. Los portadores de sueños.

Canto de vida y esperanza
Sara Diciero
Óleo sobre tela con texturas visuales
Argentina

En todas las profecías 
está  escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará  su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida 
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.
 
Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras
de catástrofes.
los llamaron ilusos, románticos, pensadores de
utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.
Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales
Tuvieron algo que ver con esto,
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.
Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños
soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.
 
Son peligrosos - imprimían las grandes
rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes
en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.
 
Hay que destruirlos - imprimían las grandes
rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus
discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.
 
Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.
Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piececitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.
Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoíris
y sopló de fecundidad las raíces de los  árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías.

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)


Sueños compartidos
Círculo de dibujantes santafesinos, Asociación Civil El Periscopio 
y Gobierno de la Provincia de Santa Fe.
Mural
San Jerónimo y Cándido Pujato, Santa Fe, Argentina

martes, 17 de febrero de 2015

Gioconda Belli. Ahora vamos envueltos en consignas hermosas.

Pintura primitivista de Solentiname
(desconozco el nombre de la obra y del artista)
Nicaragua

Las mañanas cambiaron su signo conocido. 
Ahora el agua, su tibieza, su magia soñolienta
es diferente.
Ahora oigo desde que mi piel conoce que es de día,
cantos de tiempos clandestinos
sonando audaces, altos desde la mesa de noche
y me levanto y salgo y veo "compas" atareados
lustrando sus botas o alistándose para el día
bajo el sol.
Ya no hay oscuridad, ni barricadas,
ni abuso del espejo retrovisor
para ver si me siguen.
Ahora mi aire de siempre es mas mi aire
y este olor a tierra mojada y los lagos allá
y las montañas
pareciera que han vuelto a posarse en su lugar,
a enraizarse, a sembrarse de nuevo.
Ya no huele a quemado,
y no es la muerte una conocida presencia
esperando a la vuelta de cualquier esquina.
He recuperado mis flores amarillas
y estos malinches de mayo son más rojos
y se desparraman de gozo
reventados contra el rojinegro de las banderas.
Ahora vamos envueltos en consignas hermosas,
desafiando pobrezas,
esgrimiendo voluntades contra malos augurios
y esta sonrisa cubre el horizonte,
se grita en valles y lagunas,
lava lágrimas y se protege con nuevos fusiles.
Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros
y yo invento palabras con que cantar,
nuevas formas de amar,
vuelvo a ser,
soy otra vez,
por fin otra vez,
soy. 

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)