Pintura y poesía

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lunes, 13 de noviembre de 2017

María Elena Walsh. La pena de muerte.

Juana de Arco en la hoguera (1843)
Hermann Anton Stilke (Alemania, 1803 – 1860)
Óleo sobre lienzo
Museo del Hermitage, San Petersburgo, Federación Rusa.

Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
            Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
            Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
            Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
             Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
            Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
            Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
            Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
            Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
             Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
            Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
            Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
            Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
            A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas. 

María Elena Walsh (Argentina, 1930 – 2011).

sábado, 9 de julio de 2016

María Elena Walsh. Diciembre.

Cosecha de fruta - Ruperupe (1899)
Paul Gauguin (1848 - 1903)
Óleo sobre tela
Museo Pushkin, Moscú, Federación Rusa

Cuando me olvido de la muerte, cuando
miro la abeja en su panal y miro
al cielo, en fin, a Dios elaborando
la luz, el agua, el aire que respiro,

entonces puedo realizar un blando
tránsito por la flor, por el suspiro,
por calles que me van enamorando
de esta tierra casual donde deliro.

¡Qué pródigo en perdón es el momento
en que me atrevo a resolver mi suerte
en esperanza, en pájaros, en vida!

¡Qué de campanas en la sangre siento
cada vez que me olvido de la muerte!
Pero sucede que ella no me olvida.

María Elena Walsh (Argentina, 1930 – 2011)

domingo, 8 de noviembre de 2015

María Elena Walsh. Manuelita.

Seaturtle Spirit Print
Katia Cristofoli Boeira
Acuarela

Manuelita vivía en Pehuajó
pero un día se marchó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita una tarde se miró
en un charco y se afligió´.
Dijo:-"¿Yo no se por qué´
estoy arrugandomé´,
si desde hace 80 años
tengo un cutis de bebé. "

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.

Manuelita una vez se enamoró
de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

Manuelita por fin llegó a París
en los tiempos del rey Luis.
se escondió bajo un colchón
cuando la Revolución,
y al oir la Marsellesa
se asomó con precaución.

En la tintorería de Paris
la pintaron con barniz.
la plancharon en francés
del derecho y del revés.
le pusieron peluquita
y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita ¿donde vas?,
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audáz.

María Elena Walsh (Argentina, 1930 – 2011)


lunes, 18 de mayo de 2015

María Elena Walsh. Serenata para la tierra de uno.

Las Parvas
Martín Malharro
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina.

Porque me duele si me quedo 
pero me muero si me voy, 
por todo y a pesar de todo, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala 
y por tu escándalo de sol, 
por tu verano con jazmines, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia 
es un secreto entre los dos, 
porque le diste reparo 
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías 
y por la edad de tu dolor, 
por tu esperanza interminable, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra, 
para cuidarte en cada flor 
y odiar a los que te castigan, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.


María Elena Walsh (Argentina, 1930 – 2010)