Pintura y poesía

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sábado, 4 de noviembre de 2017

Carlos Castro Saavedra. Callémonos un rato.

Pueblito paisa
Gabriel Nieto Nieto (Ibagué, Colombia, 1960)
Óleo sobre lienzo
Pintura primitivista colombiana

Hemos hablado mucho, compatriotas,
¿porqué no nos callamos
para que la palabra se maduren
en medio del silencio
y se vuelvan arroz,
cajas de pino, escobas,
duraznos y manteles?

Hacemos mucho ruido
y repetimos la palabra muerte
hasta que la matamos.
Decimos mucho corazón
y gastamos el fruto más hermoso del pecho.
Lo que importa es el río,
no su nombre.

Lo que interesa es pan
y no discursos
sobre las propiedades de la harina.
El mar es bello porque es mar
y no porque lo cantan los poetas,
y existirían piñas
aunque no se llamaran como llaman.

Bajo la tierra crece la semilla
porque el surco no habla
ni le pone adjetivos a la espiga.
Un hombre que se calla largamente
se convierte en camino,
y si guarda silencio su mujer
puede volverse viaje.

Callémonos un rato,
al menos para ver qué le sucede
a la palabra uva.
Es posible que crezca y se derrame
hasta llenar el mundo de dulzura
y cascadas de vino.

Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989).

jueves, 12 de octubre de 2017

Carlos Castro Saavedra. Esposa América.

Paz
Álvaro Canales (Honduras, 1919 - 1983)

Te pienso desde Europa, esposa mía,
te pienso a grandes pasos, como loco,
y persigo por todas las patrias y los mapas
tu pecho montañoso, tus rebaños de leche,
y la desesperada tierra de tus volcanes
y la cicatrizada corteza de tu vientre.

Entre nosotros dos está el mar con sus barcos
y los campos están con sus caballos,
pero no alcanza el agua a separarnos,
no alcanza el agua ni la tierra alcanza,
porque yo soy el hijo que tienes en los brazos
y tú eres el incendio que yo tengo en el alma.

Con besos y con labios desentierro tu frente
de puros resplandores vegetales,
hambrientamente muerdo hoteles y países,
muerdo casas, aldeas, cementerios,
y los pueblos me saben a tu cara
y las calles me saben a tu cuerpo.

Tu olor de tierra joven me golpea,
tu perfume salvaje me penetra
y me perfuma tanto y tan adentro,
que mi piel huele a tu vestido verde
y huelen mis poemas a tu vida
y mis desgracias huelen a tu muerte.

Con barro de mi barro, con arcilla de América,
con fuego de tus manos y tu aliento
estás haciendo un hijo americano.
yo escucho tu trabajo desde Europa,
escucho el crecimiento de tu vientre
y escucho el crecimiento de tu ropa.

Me desvelo en Berlín, en Praga me desvelo,
siento correr tu sangre por mis puentes,
siento que tus cosechas se propagan
por las paredes duras, por mi lecho,
y que todas las hojas de América y los ríos
y las revoluciones estallan en tu pecho.

Sigue creciendo, esposa, mientras vuelvo,
esposa mía, esposa de los montes,
madre de los arados y los vientos.
Inés, tu corazón es como un surco
y yo soy un labriego turbulento
que te siembro, te siembro por el mundo
y por el mundo te amo y te recuerdo.


Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989).

domingo, 10 de septiembre de 2017

Carlos Castro Saavedra. Camino de la patria.

Bailando en Colombia (1980)
Fernando Botero
Óleo sobre lienzo
Museo Metropolitano de Arte (Met), Nueva York, Estados Unidos. 

Cuando se pueda andar por las aldeas
y los pueblos sin ángel de la guarda.

Cuando sean más claros los caminos
y brillen más las vidas que las armas.

Cuando los tejedores de sudarios
oigan llorar a Dios entre sus almas.

Cuando en el trigo nazcan amapolas
y nadie diga que la tierra sangra.

Cuando la sombra que hacen las banderas
sea una sombra honesta y no una charca.

Cuando la libertad entre a las casas
con el pan diario, con hermosa carta.

Cuando la espada que usa la justicia
aunque desnuda se conserve casta.

Cuando reyes y siervos junto al fuego,
fuego sean de amor y de esperanza.

Cuando el vino excesivo se derrame
y entre las copas viudas se reparta.

Cuando el pueblo se encuentre y con sus manos
teja él mismo sus sueños y su manta.

Cuando de noche grupos de fusiles
no despierten al hijo con su habla.

Cuando al mirar la madre no se sienta
dolor en la mirada y en el alma.

Cuando en lugar de sangre en el campo
corran caballos, flores sobre el agua.

Cuando la paz recobre su paloma
y acudan los vecinos a mirarla.

Cuando el amor sacuda las cadenas
y le nazcan dos alas en la espalda.

Sólo en aquella hora
podrá el hombre decir que tiene patria.

Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989).

viernes, 11 de agosto de 2017

Carlos Castro Saavedra. Amistad.

La amistad (1908)
Pablo Picasso (España, 1881 - 1973)
Óleo sobre lienzo
Museo del Hermitage, San Petersburgo, Federación Rusa.

Amistad es lo mismo que una mano
que en otra mano apoya su fatiga
y siente que el cansancio se mitiga
y el camino se vuelve más humano.

El amigo sincero es el hermano
claro y elemental como la espiga,
como el pan, como el sol, como la hormiga
que confunde la miel con el verano.

Grande riqueza, dulce compañía
es la del ser que llega con el día
y aclara nuestras noches interiores.

Fuente de convivencia, de ternura,
es la amistad que crece y se madura
en medio de alegrías y dolores.


Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989).

martes, 25 de julio de 2017

Carlos Castro Saavedra. El mundo por dentro.

Conservación de la biosfera
Sivia Arellano
Arte naif primitivista
Solentiname, Nicaragua.

Siento correr los ríos por mis venas
y crecer las estrellas en mi frente.
Siento que soy el mundo y que la gente,
habita mis pulmones y colmenas.

De flores tengo las entrañas llenas
y de peces la sangre, la corriente
que caudalosa y permanentemente
inunda mis canciones y mis penas.

Llevo por dentro el fuego que por fuera
dora los panes, seca la madera
y produce el incendio del verano.

Las aves hacen nidos en mi pelo,
crece hierba en mi piel, como en el suelo,
y galopan caballos en mi mano.

Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989). 

sábado, 1 de agosto de 2015

Carlos Castro Saavedra. Vestida como en el campo.

Niña joven en vestido verde
John White Alexander
Óleo sobre tela
Colección privada

De verde te amo más, con el vestido 
que se parece al campo cuando llueve, 
y el campo se emociona y multiplica 
su verdura por nueve. 
  
Ataviada de selva, de árbol joven, 
por mi casa mensual cantas, caminas, 
y despreocupas las habitaciones 
con tu aroma de encinas. 
  
Pienso que te sembré, que soy labriego, 
que tu seno es el fruto de mi arado, 
y que te salen hojas de la vida, 
y ramas del costado. 
  
Te quiero más así, toda de verde 
olorosa a madera, esperanzada, 
como recién salida de la tierra 
con la cara mojada. 
  
Déjame recostar sobre tu falda, 
soñar que me he perdido en tu follaje, 
y que un hijo me busca como loco 
debajo de tu traje.

Carlos Castro Saavedra (Colombia, 1924 – 1989)