Pintura y poesía

Pintura y poesía

miércoles, 20 de julio de 2016

Claudio Rodríguez García. Un viento.

 
Brisa del Mediterráneo
Pino Daeni (Italia, 1939 - 2010)

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad.
Suena con sed de espacio,
viento de junio, tan intenso y libre
que la respiración, que ahora es deseo
me salve. Ven
conocimiento mío, a través de
tanta materia deslumbrada por tu honda
gracia.
Cuán a fondo me asaltas y me enseñas
a vivir, a olvidar,
tú, con tu clara música.
Y cómo alzas mi vida
muy silenciosamente,
muy de mañana y amorosamente
con esa puerta luminosa y cierta
que se me abre serena
porque contigo no me importa nunca
que algo me nuble el alma.



Claudio Rodríguez García (España, 1934 – 1999). 

martes, 19 de julio de 2016

Lina Zerón. Status de señora.

Mujer sentada en un cuarto oscuro (1895)
Édouard Vuillard (Francia, 1868 - 1940)
Óleo sobre cartón montado sobre panel
Museo de Bellas Artes de Montreal, Quebec, Canadá.

Sola, 
día a día contemplo la fuerza
con que se impone el alba
mientras coso tu nombre en las cortinas.
Sola,
habitante soy de una bella casa
donde mi persona es el mejor adorno
que de vez en vez de lugar cambias
pero nada es mío según las actas.
Sola,
con mi status de señora bien casada,
esposa del brillante ejecutivo
que entiendo vive conmigo
por las huellas que deja en la cama.
Sola
cada noche río a carcajadas
con mi sombra de gran dama
y contemplo el rostro de la perfecta esposa
que desearía por una noche ser tu cortesana.

Lina Zerón (México, 1959)

lunes, 18 de julio de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Espejo sobre el papel.

Cazando pájaros en la noche (1874)
Jean Francois Millet (Francia, 1814 - 1875)
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

1.
Noche. Noche de papel
con oscuridad de tinta,
plana y no plana pesadilla
línea y palabra: Babel.

2
¿Felino o ave? Ojos
que ven a quienes los miran
¿Papel de piedra o de tiza?
¿Mera noche del despojo?

3
Todo diario es un bestiario,
basta mirar para adentro
y esta noche y este negro
son espejo y lapidario.

4
Forma pura, cielo duro
el de quien -cansado
y lúcido y azorado-
sabe el tiempo sin futuro.

5
Dejar que la mano ruede,
nada se puede buscar,
pues el arte de encontrar
sólo el instinto lo puede.

6
¿Son los años claridad
o sequedad de una herida,
tiene valor recordar
o quien recuerda alucina?

7
Plancha que te deja ver
el mundo por el reverso
adivinando el anverso,
espejo sobre papel.

8
Color que el negro sí tiene
jugando a ver lo profundo,
negrura que el blanco puede
con los colores del mundo.

9
Sobre el plano y arbitraria
la tinta lega una forma:
llevándonos la contraria
nuestra visión se transforma.

10
Plancha que nació de espejo
de la tinta en el papel,
línea que es arte y es juego
entre la muerte y el ser. 

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947).

domingo, 17 de julio de 2016

Alberto Rojas Jiménez. Los niños de ámbar.

Niños bailando salvajemente (1909)
Emil Nolde (Alemania, 1867 - 1956)
Óleo sobre lienzo
Museo Kunsthalle Kiel, Kiel, Alemania. 

Ha cubierto todo el parque
la ceniza de la tarde.

Por el césped moribundo
avanzan
los niños de ámbar.

Un pandero rojo tañen
sus manecillas de plata.

Se detienen.
Están solos.

Una flauta los envuelve:
una lenta, grave danza.

Luego,
en un racimo,
los infantes ambarinos
cantan.


Alberto Rojas Jiménez (Chile, 1900 – 1934)

sábado, 16 de julio de 2016

Armando Uribe Arce. Crítica de la vida política.

La ajenidad
Roberto Matta (Chile, 1911 - 2002)
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.


Henos aquí, en la ratonera
del país que es un gato arestiniento
a la espera de vernos
acercarnos al queso y roerle la cáscara
para el zarpazo darnos en el cuello
y en seguida comernos, y al osario.
Estamos no pertenecemos al país donde estamos
¡ésta no es norteamérica! y sin embargo
 hay edificios tal como en las postales
de después de la crisis de wall Street (se pronuncia guolstrit),
éste es el caso: se produjo la quiebra de
todo el golpe universal de estado,
estamos entre los escombros que quedaron,
las féminas con cintas de colores se pasean
con tacos agujas sus abuelas con palillos
tejen cartílagos y sus amantes de camisa
con rayas ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas y
los sexos se creen carismáticos.
La dictadura
no fue un error, tiene apellidos, como colas de rata o lagartija,
y su elenco de honor para asesinos los regocija todavía, y dura
indefinidamente; no fue un malentendido
sino la voluntad de pasar una lija de hierro por encima de los niños.
El siniestro, el grotesco, el que conjuga
palabras al revés, y convierte a los hombres
en mujercitas asustadas de las sombras
de la noche, en siluetas recortadas
con tijeras negruzcas homicidas,
y a las mujeres en mujer con barba,
ésa no muere. Mueren los poetas, los artistas
y los adolescentes; posan
para su pésima posteridad los torpes
ridículos y sórdidos malvados con su murga.
Viejas atrocidades: novedosas ex abominaciones:
las componen: latigazos del muslo al coxis:
bandas de acero al rojo blanco en los tobillos:
tatuajes de idiogramas en los senos:
sean de hombre o mujer: así se hicieron las fortunas
que hoy sirven a los hijos de los torturadores
y a las santas madres para las lápidas que
ponen sobre sus tumbas repletas de cosas.
Este país que ya no existe
necesita las voces más que nunca
quejosas de sus hijos los mejores
bien enterrados bajo mala historia
las cuales se alzan y en sus magros codos
de hueso astillas de ceniza gritan el país ya no es mío se ha acabado.
Me regalaron una máscara negra de seda negra con los flecos negros también.
Nunca la usé.
Se pudrió en un cajón.
Conmigo, como condecoración de lo que fui: antifaz; ¿y usted?,
que me oye tan atento mientras masca un hueso mío, ciérrese el marruecos.
"Me fastidia el país en que me han hecho nacer,
y en el que muero día a día.
En él, cuando vivía, en él moría deshecho, en el país de los desechos"

Armando Uribe Arce (Chile, 1933).

viernes, 15 de julio de 2016

Jorge Luis Borges. El amenazado.

La expectación (1907)
Gustav Klimt (austria, 1862 - 1918)
Óleo sobre lino
Palacio Stoclet, Bruselas, Bélgica.

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel,  como en un sueño atroz.  La hermo-
sa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De
qué  me  servirán  mis talismanes:  el ejercicio de las letras,  la
vaga  erudición,  el aprendizaje de las palabras  que usó el ás-
pero Norte  para cantar  sus mares  y  sus  espadas,  la serena
amistad,  las galerías de  la  Biblioteca, las cosas comunes, los
hábitos,  el  joven amor de mi madre,  la sombra  militar de mis
muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a
la voz del ave,  ya  se han  oscurecido  los que  miran  por  las
ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera
y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899 – 1986). 

jueves, 14 de julio de 2016

César Vallejo. La violencia de las horas.

Mujer de luto (1956)
Eduardo Kingman (Ecuador, 1913 - 1957)
Óleo sobre tablero aglomerado

Todos han muerto.
Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.
Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: "Buenos días, José! Buenos días, María!"
Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre.
Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.
Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina.
Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién.
Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.
Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos.
Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese.
Murió mi eternidad y estoy velándola.

César Vallejo (Perú, 1892 – 1938). 

miércoles, 13 de julio de 2016

José Manuel Caballero Bonald. Biblioteca particular

Estantería con libros, postales y barco (2009)
Rosa Martínez-Artero (España, 1961)
Óleo sobre lienzo
Colección particular

Comparecen los libros en lugares
anómalos, se juntan
con indolente asimetría:
                                              un tropel
de vestigios locuaces,
pendencieros, irresolutos, lerdos.

He pugnado con ellos
durante muchos años: los he visto nacer,
durar, languidecer. Han resistido
intemperies, saqueos, turbamultas.

Algunos llevan dentro
la ponderada prueba de mi envidia,
los más el distintivo
incorregible de la decepción.

Mi error fue abrir un día un libro.

José Manuel Caballero Bonald (España, 1926). 

martes, 12 de julio de 2016

Patrick Kavanagh. Innocence (Inocencia).

La colcha de Patrick
Barrie Maguire
Óleo sobre lienzo
Irlanda

Innocence

 
They laughed at one I loved -
The triangular hill that hung
Under the Big Forth. They said
That I was bounded by the whitethorn hedges
Of the little farm and did not know the world. 
But I knew that love's doorway to life
Is the same doorway everywhere. 
 
Ashamed of what I loved
I flung her from me and called her a ditch
Although she was smiling at me with violets.
 
But now I am back in her briary arms;
The dew of an Indian Summer morning lies
On bleached potato-stalks -
What age am I?
 
I do not know what age I am,
I am no mortal age;
I know nothing of women,
Nothing of cities,
I cannot die
Unless I walk outside these whitethorn hedges.
 

Inocencia

Se rieron de mi amada…
la colina triangular que pendía
bajo Big Forth. Dijeron
que estaba encadenado a los setos de espino
de la vieja granja y no conocía el mundo.
Pero yo sabía que la puerta del amor a la vida
es la misma puerta en todas partes.

Avergonzado de la que amaba,
la arrojé de mí y la llamé zanja,
aunque me sonreía con violetas.

Pero ahora he vuelto a sus brazos de brezo;
el rocío de San Martín cubre
los tallos blanqueados de las patas.
¿Qué edad tengo?

No sé mi edad,
no tengo edad mortal.
Nada sé de mujeres,
nada sé de ciudades,
no puedo morir
si no salgo de estos setos de espino.


Traducción: Fruela Fernández

Patrick Kavanagh (Irlanda, 1904 – 1967)

lunes, 11 de julio de 2016

Jorge Teillier. Fin del Mundo (de "Poemas del país de Nunca Jamás").

Toque de oración (1925)
Pedro Figari (Uruguay, 1861 - 1938)
Óleo sobre cartón
Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideano, Uruguay

El día del fin del mundo
será limpio y ordenado
como el cuaderno del mejor alumno.
El borracho del pueblo
dormirá en una zanja,
el tren expreso pasará
sin detenerse en la estación,
y la banda del Regimiento
ensayará infinitamente
la marcha que toca hace veinte años en la plaza.
Sólo que algunos niños
dejarán sus volantines enredados
en los alambres telefónicos,
para volver llorando a sus casas
sin saber qué decir a sus madres
y yo grabaré mis iniciales
en la corteza de un tilo
pensando que eso no sirve para nada.
Los evangélicos saldrán a las esquinas
a cantar sus himnos de costumbre.
La anciana loca paseará con su quitasol.
Y yo diré: "el mundo no puede terminar
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el patio".

(de "Poemas del país de Nunca Jamás", 1963)

Jorge Teillier (Chile, 1935 – 1996)

domingo, 10 de julio de 2016

Li Bai o Li Po (李白). Ante el espejo.

Li Bai paseando (China. dinastía Song, período Song del Sur 南宋, 1127–1279)
Liang Kai (c. 1140 - c. 1210)
Museo Nacional de Tokio, Japón.

Mide mil varas mi cabello cano.
Y mis tristezas miden otro tanto.
Me miro en el espejo cristalino,
y no me explico por qué está escarchado.

de Balada de Qiu Pu

Li Bai o Li Po - 李白 (China, dinastía Tang, 701 – 762).

sábado, 9 de julio de 2016

María Elena Walsh. Diciembre.

Cosecha de fruta - Ruperupe (1899)
Paul Gauguin (1848 - 1903)
Óleo sobre tela
Museo Pushkin, Moscú, Federación Rusa

Cuando me olvido de la muerte, cuando
miro la abeja en su panal y miro
al cielo, en fin, a Dios elaborando
la luz, el agua, el aire que respiro,

entonces puedo realizar un blando
tránsito por la flor, por el suspiro,
por calles que me van enamorando
de esta tierra casual donde deliro.

¡Qué pródigo en perdón es el momento
en que me atrevo a resolver mi suerte
en esperanza, en pájaros, en vida!

¡Qué de campanas en la sangre siento
cada vez que me olvido de la muerte!
Pero sucede que ella no me olvida.

María Elena Walsh (Argentina, 1930 – 2011)

viernes, 8 de julio de 2016

Raquel Lanseros. En ocasión de todos los finales.

La despedida
Luis Alberto Acuña Tapias (Colombia, 1904 - 1994)

Yo nunca resistí las despedidas
   con su mezcla de muerte y precipicio
      con el aroma amargo de la finitud
                                     empalagando el ánimo
         con esa luz de hielo matutino
                      que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
      pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
   la documentación y el escenario
                                      en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
          y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
     vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
                               en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
                         igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
     Y sin embargo el alma
     no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
                                       y ya no puedo ser.


Raquel Lanseros (España, 1973).