Pintura y poesía

Pintura y poesía

domingo, 28 de enero de 2018

Fuego y hielo. Robert Frost.

La parte de adelante
Laura Madeo (Argentina)
Óleo sobre tela

Unos dicen que el mundo terminará en fuego,
otros dicen que en hielo.
Por lo que he gustado del deseo,
estoy con los partidarios del fuego.
Pero si tuviera que sucumbir dos veces,
creo saber bastante acerca del odio
como para decir que en la destrucción el hielo
también es poderoso.
Y bastaría.


Robert Frost (Estados Unidos, 1874 – 1963).

martes, 23 de enero de 2018

La montaña rusa. Nicanor Parra.

¡Buen viaje, Don Nica!

Rob Gonsalves (Canadá, 1959 - 2017)
Ingeniería acrobática
Litografía
Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si le parece.
Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.

De Versos de Salón (1962).

Nicanor Parra (Chile, 1914 - 2017).

jueves, 18 de enero de 2018

Lo que nadie sabe. John Jairo Junieles Acosta.

El niño y su moneda (1951)
Antonio Berni (Argentina, 1905 - 1981)
Óleo sobre tela

Mi madre aseguraba que una taza de ruibarbo
podía curarlo todo, hasta los males del amor.

Mi padre pensaba que un poco de dinero
era mejor que el ruibarbo y el amor
(además, podía comprar mucho más que eso).

Cuando yo tenía fiebre o estaba triste
ella me daba ruibarbo.
Mi padre me dejaba algunas monedas.

Cuando ella murió él se metió en su cuarto,
apagó la luz y sentí que lloraba bajito.
Jamás lo había visto hacer esas cosas
y el aire empezó a faltarme.

Toqué la puerta y cuando me abrió
dejé en su mano una moneda.

John Jairo Junieles Acosta (Colombia, 1970).

miércoles, 17 de enero de 2018

Lunes. Dalí Corona.

Primer día de escuela
August Jernberg (Suecia/Alemania 1826 - 1896)
Óleo sobre lienzo

Lo levanté mucho más temprano que otros días
porque ahora la entrada es a las ocho.
Desayunamos fuerte;
le puse en la mochila varios lápices y gomas
y dos paquetes de colores, por si acaso.
Lo abrigué completamente
y le prohibí quitarse la chamarra
a pesar de que el sol ya comenzaba a calentarnos.

Con un cordón até a su cuello
un letrero que indicaba que ese niño
era el mío.

Lo acerqué a la puerta
y antes de arrojarlo a la soledad de la primaria
le dije que mi amor por él es infinito.
Se dirigió a la fila,
que es el patíbulo primero que recuerdo,
y vi cómo valientemente
caminó, sin voltear, hacia el salón.

Dalí Corona (México, 1983). 

lunes, 15 de enero de 2018

Una pecosa ella. Luis Alberto Mallarino Beleño.

Retrato de Irene Cahen de Anvers (1880)
Pierre-Auguste Renoir (Francia, 1841 - 1919)
Óleo sobre lienzo
Fundación de la colección E.G. Bührle, Zúrich, Suiza.

Una sola vez me enamoré a primera vista
                                         —era pecosa—
quiero decir
que tenía constelaciones en la piel
que batía espuma de mar sobre sus hombros
que en su espalda
a cada rato
eran las ocho de la noche
y en sus senos
era siempre
víspera de primavera
(ya exagero)
la verdad es que nunca vi sus senos
no existían aún
no habían nacido
éramos niños
inocentes como zapatos rotos al pie de una flor
—ella también se enamoró—

nos citamos a las cuatro
en una banca azul de un parque entristecido
y todavía
no sé por qué
llegué con diez minutos de retraso
(ya no estaba)
«pero estuvo» dijo el señor del helado
«una pecosa ella
de ojos claros»
y había rastros en la banca
restos de piedra lunar
espuma
la cola de un cometa
escarcha roja
«se fue por ese lado»
(un cono de fresa me señaló el camino)

la seguí durante horas
y primero me encontró la noche
éramos niños
inocentes
como hormigas con trocitos de cartón

la encontré por fin
con una guerra de mil días en la mirada
y me mintió como mienten las mujeres grandes
«yo no pude ir» me dijo
y yo no quise avergonzarla
y no le dije nada
no le dije a nadie nunca nada
ni la vi más nunca

pero hoy
una pecosa de ojos claros
me dice —implacable— que
desde hace diez minutos
las puertas del avión están cerradas
que he perdido el vuelo
que con gusto
me anuncia la penalidad
el nuevo itinerario
y no le digo nada

solo atino a recordar
aquella puerta secreta
cerrada en la penumbra

aquel primer vuelo
perdido para siempre
veinte años atrás


Luis Alberto Mallarino Beleño (Colombia, 1986). 

domingo, 14 de enero de 2018

El peregrino. Nicanor Parra.

Joven mendigo o Niño espulgándose (aprox. 1650).
Bartolomé Esteban Murillo (España, 1618 - 1682).
Óleo sobre lienzo
Museo del Louvre, París, Francia.

Atención, señoras y señores, un momento de atención:
Volved un instante la cabeza hacia este lado de la república,
Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,
El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:
Una voz se oye desde este lado de la república.
¡Atención, señoras y señores! ¡un momento de atención!

Un alma que ha estado embotellada durante años
En una especie de abismo sexual e intelectual
Alimentándose escasamente por la nariz
Desea hacerse escuchar por ustedes.
Deseo que se me informe sobre algunas materias,
Necesito un poco de luz, el jardín se cubre de moscas,
Me encuentro en un desastroso estado mental,
Razono a mi manera;
Mientras digo estas cosas veo una bicicleta apoyada en un muro,
Veo un puente
Y un automóvil que desaparece entre los edificios.

Ustedes se peinan, es cierto, ustedes andan a pie por los jardines,
Debajo de la piel ustedes tienen otra piel,
Ustedes poseen un séptimo sentido
Que les permite entrar y salir automáticamente.
Pero yo soy un niño que llama a su madre detrás de las rocas,
Soy un peregrino que hace saltar las piedras a la altura de su nariz,
Un árbol que pide a gritos se le cubra de hojas.

De Poemas y antipoemas (1954).


Nicanor Parra (Chile, 1914).

miércoles, 10 de enero de 2018

Fernando Pessoa. El viento, el viento alto.

Vladimir Kush (Rusia, 1965)
Giclée

El viento, alto en su elemento
Me hace más solo -no me estoy
Lamentando, él se tiene que lamentar.

Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.

Me habla el todo inexistente en él,
Cómo la virtud no es un escudo, y
Cómo la mejor es estar en silencio.

Traducción: Rafael Díaz Borbón


Fernando Pessoa (Portugal. 1888 – 1935).

domingo, 7 de enero de 2018

Li Bai o Li Po - 李白. De noche.

Chang'e, diosa china de la Luna
Tu Xiaoying

Agua diáfana... luna clara
En el resplandor de la luna, vuela una garza.
¡Escuchad! Las doncellas recolectoras de castañas de agua,
inundando de canciones la senda, retornan a casa.

Traducción: Chen Guojian (Instituto de Lenguas extranjeras de Cantón, China).


Li Bai o Li Po - 李白 (China, 701 – 762). 

jueves, 4 de enero de 2018

Pablo de Rokha. Balada de Pablo de Rokha.

 
El poeta Pablo de Rokha
Mario Saavedra Canalesseyeoye  (Valparaíso, Chile)
Óleo sobre cartón

Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, a1 azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque si; moriría si no cantase, moriría si no cantase; el acontecimiento floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen e ignora el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores, zafias, cuotidianas, prosaicas y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar.. . -he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha.

Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, dinámicas me rigen, mi canción natural, polifónica se abre, se abre al mis allá del espíritu, la ancha belleza subconsciente, trágica, matemática, fúnebre, guía mis pasos en la oscura claridad; cruzo las épocas cantando como en un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, sonámbulas, apartando la vida externa -conceptos, fórmulas, costumbres, apariencias-, mi intuición sigue 1os caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz; todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos.

Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, sólo dolor mamo en los riñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares absurdos, inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible, crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasi6n gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.

Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra delos lagos, he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone a1 fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome, a medianoche, los eternos ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas; - . . . “buenos días, buenos días árbol”, dije a1 reventar la mañana, sobre las rubias cumbres chilenas, y mis tarde clamaba: “estrellas, sois estrellas, oh ! prodigio . . .”

Mis pensamientos hacen sonar los siglos, todos los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituye el principio y la razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad; los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto de los gestos, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar.

Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplísimas, mínimas, simplísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen a1 cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste, triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo, está en los quinientos horizontes geográficos ; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, dan frutos rurales a fines de agosto, maduran todo el año y desde nunca, desde nunca; anarquistas, estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigantesca realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente, ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentaréis los dedos miserables! . . .

Ariel y Calibán, Egipto, Grecia, Egipto y sobre todo Chile, los cuadrados países prehistóricos, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los hombres, los hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de pie1 terrosa y lejano mirar lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, maravilloso orienta mis palabras, y rodaré sonando eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal en donde anidan todos los gorjeos del mundo . . .

De Los gemidos, 1922.


Pablo de Rokha (Chile, 1894 – 1968). 

martes, 2 de enero de 2018

Javier Heraud. El viaje de descanso. El deseo.

Selva Roja
Luis Portilla (Perú, 1986)
Técnica mixta

Quisiera descansar 
todo un año
y volver mis ojos
al mar,
y contemplar el río
crecer y crecer
como un cauce,
como una enorme
herida abierta
en mi pecho.
Levantarme,
sentarme,
recostarme en
las vertientes
o
en las orillas
de los mares,
recostarme en
las crecientes,
acomodarme
suavemente en
las aguas
o
en
los
manantiales. 

De El viaje, 1961. 


Javier Heraud (Perú, 1942-1963). 

lunes, 1 de enero de 2018

Oda al primer día del año

Mujer con cesto (1927).
Juan Gris (España, 1887 - 1927).
Óleo sobre lienzo
Colección privada

Lo distinguimos
como 
si fuera
un caballito
diferente de todos
los caballos. 
Adornamos
su frente
con una cinta,
le ponemos
al cuello cascabeles colorados,
y a medianoche
vamos a recibirlo
como si fuera
explorador que baja de una estrella.

Como el pan se parece
al pan de ayer,
como un anillo a todos los anillos:
los días
parpadean
claros, tintineante, fugitivos,
y se recuestan en la noche oscura.

Veo el último
día 
de este 
año
en un ferrocarril, hacia las lluvias
del distante archipiélago morado,
y el hombre
de la máquina,
complicada como un reloj del cielo,
agachando los ojos
a la infinita
pauta de los rieles, 
a las brillantes manivelas,
a los veloces vínculos del fuego.

Oh conductor de trenes
desbocados
hacia estaciones
negras de la noche.
Este final
del año
sin mujer y sin hijos,
no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
y las maestranzas
el primer día, la primera aurora
de un año que comienza
tiene el mismo oxidado
color de tren de hierro:
y saludan
los seres del camino, 
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba, 
sin saber
que se trata 
de la puerta del año,
de un día
sacudido
por campanas,
adornado con plumas y claveles,

La tierra
no lo
sabe:
recibirá 
este día
dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas,
lo mojará con
flechas
de
transparente
lluvia,
y luego
lo enrollará
en su tubo,
lo guardará en la sombra.

Así es, pero
pequeña
puerta de la esperanza,
nuevo día del año,
aunque seas igual
como los panes
a todo pan, 
te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer,
a esperar.
Te pondremos
como una torta
en nuestra vida,
te encenderemos
como candelabro,
te beberemos
como 
si fueras un topacio.

Día 
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del 
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con 
agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
sólo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos 
cansados
corazones,
y eres,
oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente!



Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973).