Pintura y poesía

Pintura y poesía

lunes, 31 de octubre de 2016

Raquel Lanseros. Beatriz Orieta Maestra nacional (1919-1945).

La Amiga (en Córdoba). 1901.
Domingo Muñoz y Cuesta (España, 1850 - 1925)
Óleo sobre lienzo
Museo del Prado, Madrid, España.

Los niños corren y saltan a la comba.
Beatriz Orieta pasea junto a Dante
sorteando los pupitres
en medio del camino de la vida…
Tiene litros de frío mojándole la espalda.
Apenas pueden nada contra él
los míseros tizones del brasero oxidado.

Entran al aula los gritos infantiles,
huelen a tos y a hambre.
Algunas veces,
Beatriz Orieta casi no contiene
las ganas de llorar
y mira las caritas sucias afanándose
en recordar las tildes de las palabras llanas.

Prosigue Dante todo el día musitando
en el oído de Beatriz Orieta
…amor que mueve el sol y las estrellas.

Ella siente de veras
que otro mundo la mira
al lado de este mundo gris y parco.

Contra el lejano sol
del lejano crepúsculo
dos amantes se miran a los ojos.
Beatriz Orieta está
apoyada en su hombro.
Los álamos susurran las palabras de Dante.
Los amantes son túneles de luz
a través de la niebla.
Los besos, amapolas
de un cuadro de Van Gogh.

Pasa el invierno lento como pasa un poema.

Pasan el frío andrajoso, la fiebre y el esputo
y toman posesión del blanco cuerpo
igual que las hormigas invadiendo
esas migas de pan abandonadas.

Sesenta años después, entre las ruinas verdes
leo un  descanse en paz  envejecido
sobre la tumba de Beatriz Orieta.

El silencio es de mármol.
El silencio
es la respuesta de todas las preguntas.

Unos metros más lejos, hace sólo dos años
yace también el hombre
que, apoyado en el hombro de Beatriz Orieta,
dibujó un corazón sobre un tiempo de hiel.


¿Qué más puedo decir?
Que la vida separa a los amantes
ya lo dijo Prévert.
Pero a veces la muerte
vuelve a acercar los labios
de los que un día se amaron.

Raquel Lanseros (España, 1973)

domingo, 30 de octubre de 2016

Li Bai o Li Po (李白). Un día de verano, en la montaña.

Qiu Ying (仇英, ca. 1494-1552)
Acantilado Rojo
Handscroll, tinta y color sobre seda
Museo provincial de Liaoning, Shenyang, China. 


Agito suavemente un abanico de plumas blancas,
sentado, la camisa abierta, entre las hojas verdes.
Me quito el sombrero y lo cuelgo de un saliente en la roca;
Desde los pinos la brisa se desliza
sobre mi cabeza desnuda.

Li Bai o Li Po - 李白 (China, 701 – 762)

sábado, 29 de octubre de 2016

Attila József. No soy yo quien grita.

Universo rampante (2012)
Andrea Barrera Mathus (1982, Mendoza, Argentina)
Óleo sobre lienzo
http://barreramathus.blogspot.com

No soy yo quien grita: es la tierra que ruge.
¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡El diablo ha enloquecido!
Escóndete en el fondo limpio de los manantiales,
fúndete al cristal de la ventana,
ocúltate tras los fuegos de los diamantes,
bajo las piedras, entre los insectos,
escóndete en el pan recién salido del horno,
oh, tú, pobre, mi pobre.
Con el fresco aguacero fíltrate en la tierra.
Es inútil que sumerjas tu rostro en ti mismo
cuando sólo puedes lavarlo en otros ojos.
Se la delgada arista de una brizna
y serás más grande que el eje de este mundo.

¡Oh, máquinas, pájaros, frondas, y estrellas!,
nuestra estéril madre pide a gritos parir.
Querido amigo, cariñoso amigo,
puede resultarte terrible o maravilloso, pero
no soy yo quien grita, es la tierra que ruge.

Versión de Fayad Jamís con modificaciones parciales de Lucas Sarasibar, a partir de la traducción directa del magyar al inglés de John Bátki.

Fuente: SarasibarLucas. Poesía húngara del siglo XX, especial de Enfocarte.com, en: http://www.enfocarte.com/2.13/especial.html

Attila József (Hungría, 1905 – 1937).

viernes, 28 de octubre de 2016

Arte poética. Luis Rogelio Nogueras.

El poeta (1920 - 1921)
Roger de la Fresnaye (Francia, 1885 - 1925)
Gouache sobre papel
Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, París, Francia.

Ahora sé
que el poema, antes de ser las líneas trazadas
con prisa,
es la conversación en el café,
la sonrisa azul de Blanca Luz,
la muerte de este hombre,
el apretón de manos o la vida entre dos.

Ahora sé
que trazar estas líneas
no es
sino la forma última de hacer la poesía,
el último acto del poema,
la función de trasplantar la vida a la hoja.


La poesía empieza en todas partes
y termina siempre en los papeles.

Luis Rogelio Nogueras (Cuba, 1944 – 1985). 

jueves, 27 de octubre de 2016

Pedro Lezcano. El escultor de barro.

El Padre Jacques (El recolector de leña) (1881)
Jules Bastien Lepage (Francia, 1848 - 1884)
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte Milwaukee (MAM), Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos.

Yo no podré jamás ser un buen padre, 
con el pecho estrellado de condecoraciones 
y el cuadro de un abuelo bien barbado, 
modelo de mi prole. 

A una mujer le brotarán mis hijos, 
tan milagrosamente como flores. 
Llegarán preguntando a dónde vienen, 
desde Dios sabe dónde. 
Y yo, que he estado siempre entre preguntas 
¿qué responderé entonces? 

Qué pena no poder ser un buen padre 
lleno de tesis y de nombres, 
con un consejo a flor de labio 
y un dedo enarbolando las lecciones. 

Mal puede un escultor hecho de barro 
querer modelar hombres. 
Ellos me pedirán para sus pasos 
sendas seguras en el bosque. 
-"Dejad la mano izquierda en el ocaso, 
y el corazón quemando el polo norte, 
zaguero el sur y a la derecha el alba. 
Y ahora que conocéis los horizontes, 
marchad -diré a mis hijos- 
a donde oigáis cantar los ruiseñores". 

Qué pena no poder ser un buen padre 
de los que todo lo conocen, 
y que vergüenza que mis hijos 
se enteren por los libros que hay padres mejores. 
Les dejaré la herencia de mi frente, 
un arca llena de interrogaciones, 
¿qué van a pensar ellos, 
sintiéndose tan pobres? 

Qué lastima tener que ser mal padre, 
tan viejo y triste junto a alegres jóvenes, 
con la espalda curvada 
de tanto cortar flores.


Pedro Lezcano (España, 1920 – 2002). 

miércoles, 26 de octubre de 2016

Rafael Alberti. La soledad II.

Tren de vapor en el andén
Juan J. Delgado Morán
Lápiz de color sobre cartulina
http://jjdelgado.artelista.com/

Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
Ya pasó una semana.
Viene desde muy lejos…
De allá del norte… En tren…
Casi dos mil kilómetros…
Muy lejos… Malos trenes…
Y el calor… Y el polvo
que entra por todas partes…
La casa está ya lista: una paloma blanca
de cal pura… Lucientes,
más brillantes que el oro,
la sartén, el perol, la cacerola… Y luego,
la cama grande, grande… cubierta de una colcha
de colores, con pájaros…
Pero muchos kilómetros sin nadie… Eso me han
dicho…
Y el calor… Y el polvo…
Tendrá sed… Aquí, el agua
no falta casi nunca… Va a gustarle esto mucho…
Poco trabajo para ella… Yo
lo haré todo. Soy fuerte todavía…
¿Ella? Bueno. Veremos.
Es mi mujer… no quiero que se canse.
"Trae aquí esos tomates... Mira, aquéllos de allá,
tan colorados…" Nunca los ha visto.
Dirá que no… "¿Lechugas como éstas,
tan blancas? ¿Y los rábanos? ¡tampoco!
Vamos, mujer… Te esperan las gallinas…
¿Qué más quieres? El postre
ahí lo tienes colgado del ciruelo.
Extiende el delantal y sacude una rama…"
ya es muy tarde. Le tomo la cintura…
Se sonríe… ¡Qué hermosa!
Apagamos la luz…
Así. ¡Cuántos kilómetros!
Hoy es miércoles ya… Vendrá esta noche.


Rafael Alberti (España, 1902 – 1999). 

martes, 25 de octubre de 2016

Roberto Bolaño. Los detectives.

El sueño de las musas (1979)
Eduardo Naranjo (España, 1944)
Óleo sobre lienzo
Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), Badakoz, Extremadura, España.

Soñé con detectives perdidos en la ciudad oscura. 
Oí sus gemidos, sus náuseas, la delicadeza 
De sus fugas. 
Soñé con dos pintores que aún no tenían 
40 años cuando Colón 
Descubrió América. 
(Uno clásico, intemporal, el otro 
Moderno siempre, 
Como la mierda.) 
Soñé con una huella luminosa, 
La senda de las serpientes 
Recorrida una y otra vez 
Por detectives 
Absolutamente desesperados. 
Soñé con un caso difícil, 
Vi los pasillos llenos de policías, 
Vi los cuestionarios que nadie resuelve, 
Los archivos ignominiosos, 
Y luego vi al detective 
Volver al lugar del crimen 
Solo y tranquilo 
Como en las peores pesadillas, 
Lo vi sentarse en el suelo y fumar 
En un dormitorio con sangre seca 
Mientras las agujas del reloj 
Viajaban encogidas por la noche 
Interminable.


Roberto Bolaño (Chile, 1953 – 2003). 

lunes, 24 de octubre de 2016

Charles Bukowski. ¿Así que quieres ser escritor?

El escritor de carta Amish (1940)
Horace Pippin (Estados Unidos, 1888 - 1946)
Óleo sobre tela
Colección privada

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.


Charles Bukowski (Estados Unidos, 1820 – 1994). 

domingo, 23 de octubre de 2016

Darío Jaramillo Agudelo. Nocturno, vals, mazurka, polonesa.

Hombre joven tocando el piano (1876)
Gustave Caillebotte (Francia, 1848 - 1894)
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte de Bridgestone, Tokio, Japón.

Con este piano conozco la dulzura única de un tiempo mío,
tiempo sin fecha y sin memoria,
todo fue, todo es, todo será
este flujo, este juego, esta caricia del piano.
Tiemblo de emoción, aplaudo el encore de Malcuzinski
y vitoreo y aún floto,
alucino entre valses y nocturnos.
Germán a mi lado tiene 16 o 17 años
y yo soy eterno ya,
mortal y eterno como Germán mi amigo de la infancia.
¿Es tan ridículo llorar de la alegría?
¿Puedo confesar este perfume de violetas,
admito mi cielo azul adentro, mi agua fresca en el alma?
Mañanas tranquilas bajo un sol indulgente:
se oye correr el agua, el piano muestra bosques,
verdes campos de cultivo, vacas mudas con ubre generosa.
Chopin hace el milagro.
Chopin detiene minutos y hemorragia.
Chopin es un sedante, sólo este piano y los restos de vida.
El piano, el tres por cuatro del vals atándome a la vida,
Chopin en mi oído anunciándome la lejanía de la muerte.
La música me lleva de la mano 
por fuera del tiempo y por dentro,
por encima de mí,
viéndome otro me lleva de la mano,
soy uno que se aburre, uno que llora,
otro -el más miserable- que con ansias espera:
ninguno de ellos mientras el vals me lleve de la mano,
el vals sopla brisas de paz en mis entrañas,
me enseña a transcurrir,
todo llega, me repite el vals irrepetible siempre,
el vals irrepetible me cuenta la historia de otro más sereno que seré,
en una clave sin acosos me repite algo que todavía ignoro,
otro aprendizaje elemental que no percibo,
que el piano apenas insinúa.

Darío Jaramillo Agudelo (Colombia, 1947). 

sábado, 22 de octubre de 2016

Jorge Debravo. Hombre.

La agricultura (1948)
Francisco Amighetti (Costa Rica, 1907 - 1998)
Mural al fresco
Museo de Arte Costarricense 
(Trasladado desde su ubicación original en la Casa Presidencial), San José, Costa Rica.

Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa...

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.

Jorge Debravo (Costa Rica, 1938 – 1967). 

viernes, 21 de octubre de 2016

Alejandra Pizarnik. Cantora nocturna.

Luz del sol en un cuarto azul (1891)
Anna Ancher (Dinamarca, 1859 - 1935)
Óleo sobre lienzo
Museo Skagen, Dinamarca.

                               Joe, macht die Musik von damals nacht...

La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.

Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto. 

Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso. 

Ella canta. 

Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936 – 1972). 

jueves, 20 de octubre de 2016

Vladímir Mayakovski. A mí, al autor, dedico estos versos.

Vladímir Mayakovski (Rusia, 1893 – 1930)
Ilustración de la portada de su poemario "Yo"

Cuatro,
pesadas como un golpe.
Al César lo que es del César,
y a Dios lo que es de Dios,
y al que es como yo,
¿dónde se mete?
¿Dónde estará listo ese ataúd?
Si yo fuera pequeño,
como el océano grande,
parado de puntas,
en las crestas de las olas,
en flujo nocturno,
acariciaría la luna,
¿Dónde hallar una amada
que a mi se parezca?
Esa no cabe en este cielo pequeño.
¡Oh, si yo fuera mísero,
como un millonario!
¿Qué es para el alma el dinero?
¡Un ladrón insaciable!
A mis deseos de horda desenfrenada,
no alcanza el oro de todas las Californias.
Si yo fuera tartamudo,
como Dante o Petrarca,
le encendería sólo a ella el alma,
y ordenaría que con mis versos se consuma,
y mi palabra,
y mi amor,
como un arco de triunfo,
suntuoso,
dejaría pasar,
las amantes de todos los siglos.
¡Oh, si yo fuera como el trueno callado,
galopando,
haría estremecer la tierra envejecida!
         ¡Sí!

Con todo el poder de mi voz,
arrancaré un grito enorme,
y los cometas romperán sus colas encendidas,
cayendo de tristeza.
Yo mordería la noche,
con los rayos de mis ojos,
¡Oh, si yo fuera,
opaco como el sol,
mucha falta me hace su resplandor,
no daría mi brillo a esta tierra absurda,
y pasaría arrastrando mi amor astro!
¿En qué noche,
delirante y terrible,
me han parido?
¿Qué Goliath me ha engendrado,
tan grande,
y tan desdeñado?


1916. Publicado en 1918 en "El salón primaveral de los poetas".

Vladímir Mayakovski (Federación Rusa, 1893 – 1930).

miércoles, 19 de octubre de 2016

Pedro García Cabrera. Respuesta del estudiante.

 
Protesta estudiantil
Obra representante de Perú
Jornadas Muralistas, IV Congreso Iberoamericano de Cultura
Mar del Plata- Argentina 2011 " Cultura, Política Y Participación Popular”.

Hasta que se nos oiga
hemos de romper puertas,
matar espantapájaros
y derribar estatuas.

Hasta que se nos oiga
colocaremos trapos
de protesta y de lidia
en el tablón de anuncios
de los anacronismos.

Nosotros no tenemos
compromisos con zoos
de fantasmas ni parques
de esperpentos.

Nosotros no queremos
morirnos de tristeza,
ni disecar ocasos,
ni andarnos por las ramas.

No queremos ser carne
de inválidos civiles
mutilados de espíritu,
aun antes del viaje
de final de carrera.

Para que se nos oiga
hemos de quemar pronto
las verdades a medias,
fumigar las palabras
para que nos expresen.

No queremos comprar
cadáveres de cera
con el oro de ley
de nuestros años mozos.

Ni tenemos arrugas
en el rostro. Luchamos
para ser transparentes
como la luz y el agua.

Que nos oigan bien claro.
Nuestra conducta es ésta:
queremos claridades

sin vendajes de nubes.

Queremos sobre todo
dar vida a nuestro sueño
y modelar las sienes
del barro de los días.

Hasta que se nos oiga
seguiremos sentados
a las puertas del hombre
que pone en pie el mañana.

Pedro García Cabrera (Islas Canarias, España, 1905 – 1981). 

martes, 18 de octubre de 2016

Homero Arce. El camino.

Camino con cipreses y estrella (1890)
Vincent Van Gogh (1853 - 1890)
Óleo sobre lienzo
Musero Kröller-Müller, Otterlo, Países Bajos.

El camino lo anduve sol a luna
sin que nada mi marcha detuviera,
ni la montaña que se alzó importuna,
ni el hondo río de agua traicionera.

Todo lo fui salvando con mis pasos
y la extensión de tierra así medida
me entregó como un árbol de anchos brazos
el constante milagro de la vida.

Así fue -venturoso- hallando voces
hermanas en las puertas del camino
y en la altura el amparo de los dioses.

Ni herido, ni vencido, voy ahora
hacia el punto final de mi destino;
allá, de nuevo, asomará la aurora.



de "El Arbol y otras hojas", 1967.

Homero Arce (Chile, 1901 – 1977).