Pintura y poesía

Pintura y poesía

jueves, 31 de marzo de 2016

Armando Uribe Arce. Cuando se acaba marzo y crece lluvia...

Árbol en el campo
Ulises Vásquez (1892 - 1949)
Óleo sobre tela
Colección Banco Chile, Santiago, Chile.

Cuando se acaba marzo y crece lluvia
como largos cabellos de follaje
y nos ponemos ropa gruesa
bebemos vino negro. No hay cerezas
como tampoco hay uva
pero el otoño inicia un largo viaje.


Armando Uribe Arce (Chile, 1933). 

miércoles, 30 de marzo de 2016

Renée Ferrer. Agua.

Seducción de Primavera (2014)
Aldrin Iriarte
Acrílico en relieve sobre lienzo

Nubes, helechos rumorosos, piedras,
mi cuerpo anticipándose a los goces
en la colcha mullida de la hiedra;
la siesta me sazona con sus roces

y un tumulto de pájaros rehúye
el vasto territorio del desvelo;
extrañamente de mis dedos fluye
un manantial que sorbe el desconsuelo.

Mis piernas, los anhelos, mis caderas
en torrentes se fueron escurriendo;
era absurdo que tú los detuvieras
apenas desatados y muriendo.

Yo bien sé que me pierdo en lechos de agua
sin vislumbrar la lumbre de tu fragua. 

Renée Ferrer (Paraguay, 1944). 

martes, 29 de marzo de 2016

Manuel Alcántara. Soneto para esperarte en una cafetería.

Terraza del café de la Place du Forum en Arlés por la noche (1888)
Vincent Van Gogh (Países Bajos, 1853 - 1890)
Óleo sobre lienzo
Museo Kröller-Müller, Otterlo, Países Bajos.

Resulta que la historia estaba escrita
cuando yo quise hacerla a mi manera.
Cuando yo no quería que volviera
resulta que la historia resucita.

Resulta que en el tiempo de la cita
tendrán que hacer un banco de madera.
Al corazón le viene bien la espera,
quién sabe si además la necesita.

Azafatas de vuelo alicortado
van del café a las piñas tropicales
por aires ciudadanos y ruidosos.

Arriba el tiempo nuevo ha presentado
sus fluorescentes luces credenciales
y enrolla pergaminos luminosos.

Manuel Alcántara (España, 1928). 

lunes, 28 de marzo de 2016

Alejandro López Andrada. Los días lejanos.

Ocaso
Tarde en sinfonía violeta
Evaristo Guerra Zamora (Vélez-Málaga, España, 1942)
Óleo sobre lino

Allí, a lo lejos,
donde tiemblan los maizales
y el pueblo está dormido,
donde invernan
los erizos románticos, tu fe
sigue sentada contemplando el humo.

Igual que un monte
herido por la noche,
aún te sostienes firme en el camino;
te acarician murmullos,
risas, sueños,
que, ayer, tuviste
y ahora, al fin, reencuentras.

Todo aquel tiempo
está en tu corazón,
iluminado por un sol de fresa.

Delante de tus ojos,
van pasando
los días lejanos hacia un bello crepúsculo. 

Alejandro López Andrada (España, 1957). 

domingo, 27 de marzo de 2016

Jorge Debravo. Nocturno sin patria.

Viacrucis Latinoamericano (1992)
15a estación: un nuevo cielo y una nueva tierra
El paño de cuaresma latinoamericano
El resucitado acompaña al pueblo de Dios en su camino
Adolfo Pérez Esquivel (Argentina, 1932)

Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
la tierra es para todos,
como el aire.

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como tiene traje:
que todos tengan tierra
como tienen el aire.

Cogería las guerras de la punta
y no dejaría una en el paisaje
y abriría la tierra para todos
como si fuera el aire...

Que el aire no es de nadie, nadie, nadie...
Y todos tienen su parcela de aire.

Jorge Debravo (Costa Rica, 1938 – 1967). 

sábado, 26 de marzo de 2016

Andrés Barbosa Vivas. Obsidiana.


Niños soñando la paz
Dorian Flórez (Colombia, 1960)
Óleo sobre lino belga, en claroscuro.

Vengo de la tierra mordida por los perros,
de las conspiraciones y los oprobios,
del frío plomizo sobre toda la existencia
de la selva sabia y guerrera
al caos similar de las calles.

Vengo de las luchas intestinas,
no el feto desechado de la guerra,
el enfermizo impulso muscular por acrecentarse
y cómo a esta alma de acero le hablan las cosas elementales
le cuentan sus secretos
unas desarrollaron espinas ante la barbarie;
otras, bellos colores;
yo desarrollé mi silencio,
la capacidad mental,
la explosividad incesante que imprimo en cada uno de mis actos.

Soy de un material antiguo, probado por los sabios
vengo del fondo de la Tierra, me forjó la tristeza
soy la santificación del dolor
mantente conmigo hasta el final y te daré un secreto
sólo a los más altos los revelo
mi alma es verde y doy visos negros.


Andrés Barbosa Vivas (Colombia, 1987 – 2010). 

viernes, 25 de marzo de 2016

Ángela Vallvey. La sociedad secreta.

 Primavera, cerezos en flor (1877).
Camille Pissarro (Francia, 1830 - 1903)
Óleo sobre tela
Museo de Orsay, París, Francia.

Has llegado a mi casa
ordenando las quejas
de la noche.
—Besos como pequeños corazones
se cayeron al suelo
sin cuidado—.

El verdor de tus ojos
era una tierra fértil
cultivada entre lágrimas.

«¿Cuánto pesan los astros?»,
preguntaste,
«¿y las horas del día?
¿Saben quién somos
los milenios?
¿Hay praderas de espacio
que se tienden tranquilas
detrás de la ventana?»

Oh, ven, ven de nuevo,
escucha los ruidos
del amanecer.
Haz vino
con las sombras de la estancia.
Que la luz sea una estela de seda pura
para que tú la toques.
Que nunca diga basta.

Desde que tú llegaste
la primavera ha derrochado
toda su gloria floreciendo
por dentro de mi boca,
—nunca mira hacia atrás,
y es libre,
tiene abiertas las manos—.

Ángela Vallvey (España, 1964). 

jueves, 24 de marzo de 2016

Armando Uribe Arce. Inéditos.

La Danza de la Muerte
Michael Wolgemut (1434 - 1519)
Ilustración  de la Crónica de Núremberg o Schedelsche Weltchronik de Hartmann Schedel (1493).

La muerte despiadada no hace excepciones: uno
por uno nos recoge del suelo en que vagamos
como hormigones negros -cuando menos pensamos
pero en nada pensamos- cuando nos llega el turno
despiadada nos coge con sus pinzas de fierro
nos traslada al lugar de nuestro entierro.

La catástrofe el holocausto el fin
del mundo el cielo y el infierno
la loca el imbécil y el estafermo
bailando en honor del delfín
que me lleva en su lomo
y en la cabeza tengo un cono
con las letras: culpable
pues me prohiben que hable.

La baja estofa y la mala ralea,
los mentecatos, los canallas
y los mediocres sus primeros hermanos
por más que mucho se laven las manos
y alcen como abanicos sus agallas,
muy mal olor que no se orea.

Siniestra sordidez, abre tus alas de paraguas,
agítate murcielago peludo,
calvo, panzón, desnudo,
rondan la cama mariposas vagas.
Este, que fue mi amigo ya no lo es.
Siniestra sordidez
de todo lo que me rodea,
todos sonriendo y portando una tea.

Los zorros y los lobos tienen sus madrigueras
pero el hijo del hombre los hijos de los hombres
¿dónde reposan dónde descabezan
sus sueños? Pesadillas. ¡Y que troten
las caballerías de los degüellos!
Que se abra el lacre de los sellos.


"No comen, ni tienen excrementos mayores:
aunque es opinión que les crecen las uñas,
las barbas y los cabellos".
¡Encantados cadáveres! Amores
sepultados ahora son pezuñas
que se mezclan con vellos.

Armando Uribe Arce (Chile, 1933).

miércoles, 23 de marzo de 2016

Cintio Vitier. Un extraño honor.

Cabeza de anciano (1618 - 1620)
Anton Van Dyck (1599-1641)
Óleo sobre lienzo
Museo del Prado, Madrid, España.

El árbol sabe, con sus raíces y sus ramas, 
todo aquello que puede ser un árbol: 
¿o acaso también falta 
a su mitad visible otro esplendor 
que es lo que está sufriendo y anhelando? 
No lo sabemos. Pero él 
no necesita conocerse. Basta 
que su misterio sea, sin palabras 
que vayan a decirle lo que es, lo que no es. 
El árbol, majestuoso como un árbol, 
lleno de identidad hasta las puntas, 
puede medirse cara a cara con el ángel. 

Y nosotros ¿con quién nos mediremos, 
quién ha de compartir nuestra congoja? 
Ved ese rostro, escrutad esa mirada 
donde lo que brilla es un vacío, 
repasad como en sueños 
esas líneas dolorosas en tomo de los labios, 
ese surco que ha de ahondarse en la mejilla, 
la desolada playa de la frente, 
la nariz como un túmulo funesto. ¡Qué devastado reino, 
qué fiero y melancólico despojo, humeando todavía! 
Sólo otro rostro podría comprenderlo. 
Así nos miramos cara a cara, el alma desollada, 
con el secreto júbilo insondable que nos funda, 
que está hecho de vergüenza 
y de un extraño honor.

Cintio Vitier (Cuba, 1921 – 2009). 

martes, 22 de marzo de 2016

Óscar Hahn. Vals de Santiago.

Santiago se eleva
Javier Arturo Molina Enríquez
Óleo sobre tela
Chile

Un bosque depresivo invade la ciudad
un bosque trashumante
que quisiera escapar pero no puede.

Desde los árboles que se agitan irascibles
caen castañas de carbón.

Veloces monstruos de metal
con cerebros de moscas
se han adueñado de las calles.

Chillan y chillan.

No queda oxígeno que respirar.
La clorofila se ha vuelto alquitrán.

Pasan tortugas que parecen perros
y gatos que parecen caballos.
Pasan pájaros que no consiguen volar
por el peso del hollín en sus alas.

Una ballena se ha varado en la Plaza de Armas.

Está nevando en pleno verano mamá
y los niños no pueden columpiarse.
Nada se mece nada se balancea.
El viento está inmóvil como una idea fija.


Óscar Hahn (Chile, 1938 – 1996)

lunes, 21 de marzo de 2016

Pablo Neruda. Poema 6 (de 20 poemas de amor y una canción desesperada).

Día de otoño
Isaak Ilich Levitán (1860 - 1900)
Óleo sobre lienzo
Galería Tretyakov (Moscú, Federación Rusa).

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en
         calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973). 

domingo, 20 de marzo de 2016

Yannis Ritsos. La subida.

La higuera
Juan Liceran
Óleo sobre lienzo
España


Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.
Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.

Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro.

Yannis Ritsos (Grecia, 1909-1990).

sábado, 19 de marzo de 2016

Manuel Benítez Carrasco. La barca.

La vista del Spree en Stralau (1817)
Karl Friedrich Schinkel (Alemania 1781 - 1841)
Óleo sobre lienzo
Museos Estatales de Berlín, Alemania. 

La barca...la barca...
con sólo decir... la barca...
huele a marisma la boca
y sabe a sal la palabra.
Así...La barca...la barca...
con sólo decir... la barca...
¿Qué cuánto quiero por ella?
Venga conmigo a la playa.
Por una quilla de oro
y dos remos de esmeralda
le vendo... el aire que lleva dentro
por una rosa de nácar...
la arena donde se acuesta,
y por un timón de plata...
ese mar en duermevela
en el fondo de la barca
donde estrellas marineras
reman de noche a sus anchas.
Aire, arenas y agua
¡todo le vendo!... menos la barca.
Aquí la tiene: bonita,
como una mujer casada;
por la quilla, sueño verde;
por la vela, nieve blanca.
Cuando está en la playa
pienso si soñará con el agua;
cuando está en el agua
digo si soñará con la playa.
La trato como una mujer
y así está ella;
le saltan la presunción y el orgullo
cuando duerme y cuando anda.
Con decirle, que le viene pequeña
¡toda la playa!
Que en esto de los amores
mujer y barca se pasan
de orgullosas, por queridas;
de presumidas, por guapas.
Y cuando se lanza al mar
además de guapa, brava.
Mete el pecho, hunde el casco;
se enjoya de espuma blanca,
cruje el agua en las amuras,
ella, altiva, la rechaza,
y cuando se deja atrás
la nieve, el oro y el nácar,
se esponja, se espuma,
se contonea y se acicala,
como hembra que se sabe fina,
bonita y andas.
Una reina no sería tan reina
¡como mi barca!
Y si viera cuando corre¡
Caballo con la crin blanca
que va levantando polvo
de espuma sobre esmeralda.
¿Qué cuánto quiero por ella?
¡Mi barca no es solo barca!
Cuña, mástil, timón, remo,
quilla verde y vela blanca.
Mi barca es la sal del mar
que se hizo piropo y gracia,
con un nombre: soledad
sobre este nombre: mi barca.
La barca...la barca...
con sólo decir... la barca...
huele a marisma la boca
y sabe a sal la palabra.
Así...La barca...la barca...
con sólo decir... mi barca...
¿Qué cuánto quiero por ella?
¡Mi barca no es sólo barca! 

Manuel Benítez Carrasco (España, 1922 – 1999).

viernes, 18 de marzo de 2016

Rubén Darío. Letanía de nuestro señor don Quijote.

Don Quijote y Sancho
Pablo Picasso (1881, 1973)
Aguada sobre papel
Publicado en N° 581 del semanario Les Lettres françaises en agosto de 1955
Museo de Arte e Historia de Saint-Denis, Francia.

A Navarro Ledesma

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerzas alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias,
y contra las leyes y contra las ciencias
y contra la mentira, contra la verdad...

¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueran las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel! Pro nobis ora, gran señor.
(Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor.)

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin pies y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos,
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias de horribles blasfemias
de las Academias,
líbranos, señor.

De rudos malsines,
falsos paladines
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerzas alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!


Rubén Darío (Nicaragua, 1867 – 1916)