Pintura y poesía

Pintura y poesía

lunes, 30 de noviembre de 2015

Luis Cernuda. Te quiero.

En la cama
Henri de Toulouse-Lautrec
Óleo sobre cartulina
Museo de Orsay, París, Francia.

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.


Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

Luis Cernuda (España, 1902 – 1963)

domingo, 29 de noviembre de 2015

José Saramago. El beso.

El beso.
Horacio Longas, Colombia. 

Hoy, no sé por qué, el viento ha tenido un
     hermoso gesto de renuncia, y los árboles han
     aceptado su quietud.
Sin embargo (y es bueno que así sea) una guitarra
     organiza obstinadamente el espacio de la soledad.
Acabamos sabiendo que las flores se alimentan en
     la fértil humedad.
Ésa es la verdad de la saliva.

José Saramago (Portugal - 1922 - 2010)


sábado, 28 de noviembre de 2015

Juan Ramón Jiménez. Ajuste.



La Temporera
Mono González - Ian Pierce
Mural
Fiesta de la Vebndimia de Curicó 2014.

¡Qué difícil es unir 
el tiempo de frutecer 
con el tiempo de sembrar! 
(El mundo jira que jira, 
ruedas que nunca se unen 
en una rueda total) 
¡Un solo día de vida, 
un día completo y todo, 
que no se acabe jamás!


Juan Ramón Jiménez, (España, 1881 - 1958)

viernes, 27 de noviembre de 2015

Octavio Paz. En Uxmal.

Panorama de las obras arquitectónicas de la ciudad de Uxmal 
(período clásico maya)
Yucatán, México.

1. La piedra de los días

El sol es tiempo;
el tiempo, sol de piedra;
la piedra, sangre.

2. Mediodía

La luz no parpadea,
el tiempo se vacía de minutos,
se ha detenido un pájaro en el aire.

3. Más tarde

Se despeña la luz,
despiertan las columnas
y, sin moverse, bailan.

4. Pleno sol

La hora es transparente:
vemos, si es invisible el pájaro,
el color de su canto.

5. Relieves

La lluvia, pie danzante y largo pelo,
el tobillo mordido por el rayo,
desciende acompañada de tambores:
abre los ojos el maíz, y crece.

6. Serpiente labrada sobre un muro


El muro al sol respira, vibra, ondula,
trozo de cielo vivo y tatuado:
el hombre bebe sol, es agua, es tierra.
Y sobre tanta vida la serpiente
que lleva una cabeza entre las fauces:
los dioses beben sangre, comen hombres.

Octavio Paz (México, 1914 – 1998)

jueves, 26 de noviembre de 2015

Fernando Pessoa. Llueve en silencio, que esta lluvia...

Notre Dame bajo la lluvia
Tavik Frantisec

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...


Fernando Pessoa (Portugal, 1888 - 1935)




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Juan Ramón Jiménez. Distinto.

Cielo azul
Vasili Kandinski
Óleo sobre lienzo
Centro Pompidou, París, Francia.

Lo querían matar
los iguales
porque era distinto.
  
Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo...
si veis un hombre distinto,
matadlo.
  
¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?
  
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.

 Juan Ramón Jiménez (España, 1881 - 1958)



martes, 24 de noviembre de 2015

Delmira Agustini. A lo lejos.

El Tango
Rafael Barradas
Óleo sobre cartón
Museo Nacional de Bellas Artes, Argentina.

Tu vida viuda enjoyará aquel día...
En la gracia silvestre de la aldea
Era una llaga tu perfil arcano;
Insólito, alarmante sugería
El esmalte de espléndida presea
Sobre un pecho serrano.

Por boca de la abierta ventana suspiraba
Toda la huerta en flor, era por puro
Toda la aldea el cuarto asoleado;
¿Recuerdas?... Sobre mí se proyectaba,
Más mortal que tu sombra sobre el muro,
Tu solemne tristeza de extraviado...
Tus manos alargadas de tenderse al Destino,
Todopalidecidas de amortajar quimeras,
Parecían tocarme de muy lejos...
Tus ojos eran un infinito camino
Y crecían las lunas nuevas de tus ojeras;
En solo un beso nos hicimos viejos...

— ¡Oh beso!... flor de cuatro pétalos... dos de Ciencia
Y dos iluminados de inocencia…
El cáliz una sima embriagante y sombría...
Por un milagro de melancolía,
Mármol ó bronce me rompí en tu mano
Derramando mi espíritu, tal un pomo de esencia.

Tu vida viuda enjoyará aquel día...
Mi nostalgia ha pintado tu perfil Wagneriano
Sobre el velo tremendo de la ausencia.

Delmira Agustini (Uruguay, 1886 - 1914)

lunes, 23 de noviembre de 2015

Mario Benedetti. Su amor no era sencillo.

La perspectiva amorosa
René Magritte
Óleo sobre lienzo
Colección privada, Suiza.


Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920 – 2009)

domingo, 22 de noviembre de 2015

Anónimo (atribuido erróneamente a Walt Whitman). No te detengas o Carpe Diem.

El pintor en camino a su trabajo
Vincent Van Gogh
Óleo sobre tela
Desaparecida del Museo Kaiser Friedrich, Berlín, Alemania, 
durante la sehunda guerra mundial.

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

 Versión de Leandro Wolfson

sábado, 21 de noviembre de 2015

César Vallejo. El acento me pende del zapato.

Naturaleza muerta con zapato viejo
Joan Miró
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte Moderno de Nueva York. Estados Unidos.

El acento me pende del zapato;
le oigo perfectamente
sucumbir, lucir, doblarse en forma de ámbar
y colgar, colorante, mala sombra.
Me sobra así el tamaño,
me ven jueces desde un árbol,
me ven con sus espaldas ir de frente,
entrar a mi martillo,
pararme a ver a una niña
y, al pie de un urinario, alzar los hombros.

Seguramente nadie está a mi lado,
me importa poco, no lo necesito;
seguramente han dicho que me vaya:
lo siento claramente.

¡Cruelísimo tamaño el de rezar!
¡Humillación, fulgor, profunda selva!
Me sobra ya tamaño, bruma elástica,
rapidez por encima y desde y junto.
¡Imperturbable! ¡Imperturbable! Suenan
luego, después, fatídicos teléfonos.
Es el acento; es él.

César Vallejo (Perú, 1892 – 1938)

viernes, 20 de noviembre de 2015

Félix María Samaniego. El pastor enamorado.

Rebaño de cabras en la playa de Porto d'Anzio
Rudolf Koller
Óleo sobre tela
Museo Oskar Reinhart, Stadtgarten, Suiza.

El joven Melibeo
guiaba su rebaño
por la frondosa orilla
de cierto río tortuoso y claro.

Al pie de una alta haya
en el sombrío campo
se sienta y le rodea
paciendo mansamente su ganado.

En el cantar maestro
y en la zampoña sabio
sus versos pastoriles
entona diestramente acompañado.

Mirlos y ruiseñores
dulcemente entretanto
aumentan la armonía
que repiten los valles y collados.

Del agua hermosa y pura
la cabeza sacando
una Ninfa le escucha
y vuelve a sumergirse de contado.

A las hondas cavernas
del cristalino caos
baja y a sus hermanas
llevó las nuevas del vecino prado.

Con un fuego lascivo,
diestramente nadando,
se acercan a la orilla
y muestran sus gargantas de alabastro.

La dulce melodía
la hermosura del campo
los árboles frondosos
con la yerba y las vides enlazados.

De fresca sombra lleno
el suelo en flores vario
la suave fragancia
que esparce en la ribera el viento manso:

Todo esto que las Ninfas
en silencio admiraron
las convida a que dejen
las claras ondas por el verde prado.

Y con un pie ligero
más que la nieve blanco
entre frondosas vides
a la agradable sombra se ocultaron.

Atentas escuchaban;
mas entonces, mudando
sus versos Melibeo
de esta suerte prosigue con el canto:

Ninfas que a la salida
del cristalino baño
mostráis la gentileza
de esos cuerpos desnudos y lozanos.

¿Por qué entre verdes hojas
os ocultáis? ¿acaso
teméis la competencia
de Nise, la hermosura de estos campos?

¡Ah, quién la viese ahora
libremente en el prado
marchar como una Ninfa
sin saber que la viesen los humanos!

Veríais ya... ¡oh, qué rostro!
¡qué talle tan gallardo!
qué blancura de cuerpo!
No a vosotras, a Venus la comparo.

Entonces sus cabellos
flotantes y poblados,
por el cuerpo esparcidos
los pondría por velo su recato.

Entonces escondido
yo estaría aguardando
que el viento mansamente
corriese el velo de su pecho blanco.

Y entonces... ¿y si entonces
se arrojase al ganado
algún astuto lobo,
a Nise acudiría, o al rebaño?

Responda Melibeo
al poeta, y en tanto
nadie entregue sus cabras
al pastor que estuviese enamorado.

Félix María Samaniego (España, 1745 – 1801)

jueves, 19 de noviembre de 2015

Evaristo Carriego. La vuelta de Caperucita.

Mis hermanas
Antonio Alice
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina.

Entra sin miedo, hermana: no te diremos nada.
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado! ¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto

Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.

Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,

ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!

Evaristo Carriego (Argentina, 1883 – 1912)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

José María Gabriel y Galán. El embargo.

La miseria
Cristóbal Rojas Poleo
Óleo sobre tela
Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela.

Señol jues, pasi usté más alanti 
    y que entrin tos esos,
    no le dé a usté ansia
    no le dé a usté mieo...

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
    que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
    y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
    ya me está sobrando,
    ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
    y esa segureja
    y ese cacho e liendro...

¡Jerramientas, que no quedi una!
    ¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
    ni esa segureja
    ni ese cacho e liendro...

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
    si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
    ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
    cuatro mesis vivo
    y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
    porque aquí lo jinco
    delanti usté mesmo!
    Lleváisoslo todu,
    todu, menus eso,
    que esas mantas tienin
    suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
    ca ves que las güelo!...

 Señol jues, pasi usté más alanti 
    y que entrin tos esos,
    no le dé a usté ansia
    no le dé a usté mieo...

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
    que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
    y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
    ya me está sobrando,
    ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
    y esa segureja
    y ese cacho e liendro...

¡Jerramientas, que no quedi una!
    ¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
    ni esa segureja
    ni ese cacho e liendro...

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
    si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
    ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
    cuatro mesis vivo
    y una nochi muerto!


¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
    porque aquí lo jinco
    delanti usté mesmo!
    Lleváisoslo todu,
    todu, menus eso,
    que esas mantas tienin
    suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
    ca ves que las güelo!...

José María Gabriel y Galán (España, 1870 – 1905)

martes, 17 de noviembre de 2015

José Ángel Buesa. Poema del amor pequeño.

Vamos juntos
Óleo a espátula sobre tela
Leonid Afremov


Fue breve aquella noche. Fue breve, pero bella.
Poca cosa es el tiempo, que es también poca cosa,
porque nadie ha sabido lo que dura una estrella
aunque todos sepamos lo que dura una cosa.

Nuestro amor de una noche fue un gran amor pequeño
que rodó por la sombra como un dado sin suerte,
pero nadie ha sabido lo que dura un ensueño
aunque todos sepamos lo que dura la muerte.

Una noche es eterna para el que no la olvida,
y el tiempo nada importa para el sueño y la flor,
y, como nadie sabe lo que dura la vida,
nadie sabe tampoco lo que dura el amor.

José Ángel Buesa (Cuba, 1910 – 1982)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Vicente Huidobro. Noche.

Autorretrato con cigarrillo
Edvard Much
Óleo sobre lienzo
Museo Nacional de Arte, Arquitectura y Diseño, Oslo, Noruega.

Sobre la nieve se oye resbalar la noche

La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces

De una mirada encendí mi cigarro

Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío

                                                  En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos

Y el viento
                      gime entre las alas de los pájaros

LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO

Yo en la orilla silbando
            Miro la estrella que humea entre mis dedos

Vicente Huidobro (Chile, 1893 – 1948)

domingo, 15 de noviembre de 2015

Hernando de Acuña. Ícaro.

La caída de Ícaro
Jabob Peter Gowy
Óleo sobre lienzo
Museo El Prado, Mdrid, España.

Con Ícaro, de Creta se escapaba
Dédalo, y ya las alas extendía,
y al hijo, que volando le seguía,
con amor maternal amonestaba:

Que si el vuelo más alto levantaba,
la cera con el sol se desharía,
y en el mismo peligro le pondría
el agua y su vapor, si más bajaba.

Mas el soberbio mozo, y poco experto,
enderezóse luego al alto cielo
y, ablandada la cera en la altura,

perdió las alas, y en el aire muerto,
recibiéndole el mar del alto vuelo,
por el nombre le dio la sepultura.

Hernando de Acuña (España, 1520 – 1580)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης, Konstantinos Petrou Kavafis (Constantino Cavafis). Ιθάκη (Ítaca).

Dioniso en una embarcación, navegando entre delfines. 
Kílix ático de figuras negras, circa 530 a. C. 
Proveniencia: Vulci.

Ιθάκη

Σαν βγεις στο πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι να 'ναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δε θα βρεις,
αν μεν η σκέψης σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησης το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβαλείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι να 'ναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωινά να είναι
που με τι ευχαρίστηση, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους
να σταματήσεις σ' εμπορεια Φοινικικά,
και τες καλές πραγματείες ν' αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κι έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά,
σε πόλεις Αιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ' τους σπουδασμένους.

Πάντα στο νου σου να 'χεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί ειν'ο προορισμός σου.
Αλλά μη βιάζεις το ταξίδι διόλου.
Καλύτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει.
και γέρος πια ν' αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στο δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ' έδωσε τ' ωραίο ταξίδι.
χωρίς αυτήν δε θα 'βγαινες στο δρόμο.
αλλά δεν έχει να σε δώσει πια.
Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δε σε γέλασε.
έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες οι Ιθάκες τι σημαίνουν.

Itaca

Cuando emprendas el regreso a Itaca,
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, de conocimiento.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al irritado Poseidón, no les temas;
no hallarás tales cosas en tu camino
si tu pensamiento es elevado, si una sublime
emoción embarga tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al feroz Poseidón, no los encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los pone ante ti.

Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que lleno de placer y alegría
entres a puertos vistos por primera vez;
detente en los mercados fenicios
y adquiere hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano,
y toda clase de perfumes voluptuosos,
todos los perfumes voluptuosos que puedas;
visita muchas ciudades egipcias
para aprender más y más de los sabios.

Ten siempre en tu mente a Itaca.
Tu meta es llegar allí.
Pero no apresures de ninguna manera el viaje.
Mejor que dure muchos años,
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que Itaca te dé riquezas.

Itaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Pero ya no tiene nada para darte.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Tan sabio como has llegado a ser, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Itacas.

Traducción de Miguel Castillo

Constantino Cavafis (Grecia/Egipto, 1863 – 1933)

viernes, 13 de noviembre de 2015

María José Aldunate. Me alargo.

Las señoritas de Avignon
Pablo Picasso
Óleo sobre lienzo
Museo de Arte Moderno de Nueva York, Estados Unidos.

Siento que me estoy alargando.
Que se alargan mis piernas,
mis manos,
las uñas de mis dedos,
mis muñecas.
Se alarga mi garganta
emite gritos largos
profundos gritos.
Largos.
Mi pecho, mis talones.
Mi corazón, su cavidad.
Mis hombros y mis huesos.

Toda la sangre se ha volcado
fuera de los límites voraces de mi cuerpo.

Son muy largas las venas.
se alargan, se me alargan,
se enroscan en el aire,
se retuercen
y salpican de rojo todas las avenidas
mientras mi lengua, ávida,
permanece mordida por tus ganas.

María José Aldunate (Argentina, 1972)