Pintura y poesía

Pintura y poesía

jueves, 30 de abril de 2015

Jorge Cadavid. Entrevista.

Duraznos en flor
Theodore Wores
Óleo sobre lienzo
Colección privada

El veinte por ciento de los fresnos
declararon que el rayo
los penetraba hasta el corazón.
El cinco por ciento de los álamos consultados
afirmaron que el relámpago bajaba hasta 
las raíces iluminándolos.
El quince por ciento de los ficus sostuvieron
que sólo en la corteza 
la fulguración dejaba su dolorosa huella.
El sesenta por ciento de los árboles restantes
flagelados por el rayo dijeron estar perplejos.
Algunos dicen que quieren escribir inspirados
por el fuego mientras arden.

Jorge Cadavid (Colombia, 1962)

miércoles, 29 de abril de 2015

Julio Herrera y Reissig. La noche.

Noche de verano
Winslow Homer
Óleo sobre lienzo
Museo de Orsay, París, Francia.

La noche en la montaña mira con ojos viudos
de cierva sin amparo que vela ante su cría;
y como si asumiera un don de profecía,
en un sueño inspirado hablan los campos rudos.

Rayan el panorama, como espectros agudos,
tres álamos en éxtasis... Un gallo desvaría,
reloj de media noche. La grave luna amplía
las cosas, que se llenan de encantamientos mudos.

El lago azul de sueño, que ni una sombra empaña,
es como la conciencia pura de la montaña...
A ras del agua tersa, que riza con su aliento,

Albino, el pastor loco, quiere besar la luna.
En la huerta sonámbula vibra un canto de cuna. ..
Aúllan a los diablos los perros del convento.

Julio Herrera y Reissig (Uruguay, 1875 – 1910)

martes, 28 de abril de 2015

Víctor Hugo. Puesto que este mundo existe.

La terraza de Sainte-Adresse
Claude Monet
Óleo sobre lienzo
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, Estados Unidos.

Puesto que este mundo existe, más nos vale tolerarlo.
Que a los seres, sin enojo, considerarlos sepamos.
Este hombre es el burgués del siglo en el cual vivimos.
Vendedor en otros tiempos de sebos y de jabones,
Es ahora rico y tiene prados, viñedos y bosques.
Al pueblo llano aborrece, tampoco ama a los nobles;
Pues es hijo de un portero, en estos tiempos afirma
Que es inútil descender de familia de alta alcurnia.
Es severo. Es virtuoso. Y forma parte también,
-En diciembre pisan siempre buenas alfombras sus pies-,
Del gran partido del orden y de la gente de bien.
Odia a los enamorados y a quien es inteligente;
Es un poco pedigüeño, usurero algunas veces;
Al progreso llama santo y pura a la libertad,
Del derecho de naciones va proclamando: "¡Ni hablar!",
Del sentido común tosco de Sancho Panza hace alarde
Y dejaría morir en la miseria a Cervantes;
Por Boileau admiración siente, a las criadas pellizca,
Y después de revolcarse en la paja con Juanita,
Clama que son inmorales novelas y folletines.
A la misa a la que acude cada domingo del año,
Lleva a Jesús bajo el brazo en un breviario dorado,
El pesebre, el calvario y también el Dies Illa.
-No es que crea, entre nosotros, todas esas tonterías,
Nos dice- Y si él asiste es por causa de su nombre,
Para que el pueblo vil crea viendo creer a este hombre,
Porque hay que entontecer a esta gente que está hambrienta,
Porque algún que otro buen Dios hace falta a fin de cuentas.
"¡Haced sitio!", el sacristán da un golpe y él aparece,
En un banco reservado su tripa sublime extiende,
Orgulloso de sentir que con esta devoción,
Al pueblo tiene sujeto y de Dios es protector.

Víctor Hugo (Francia, 1802 – 1885)

lunes, 27 de abril de 2015

Paul Verlaine. Canción de otoño.

Otoño en Argenteuil
Claude Monet
Óleo sobre lienzo
Galería del Instituto Courtauld, Londres, Reino Unido.

Chanson d'automne

Les sanglots longs
Des violons
De l'automne
Blessent mon coeur
D'une langueur
Monotone.

Tout suffocant
Et blême, quand
Sonne l'heure,
Je me souviens
Des jours anciens
Et je pleure

Et je m'en vais
Au vent mauvais
Qui m'emporte
Deçà, delà,
Pareil à la
Feuille morte.


Canción de otoño

Los largos sollozos
de los violines
del otoño
hieren mi corazón
de una languidez monótona.

Agitado y pálido
al dar la hora,
me acuerdo,
de los antiguos días
y lloro

y me dijo ir
al mal viento
que me lleva
aquí y allá
igual a la
hoja muerta.


Traducción de Manuel Machado.

Paul Verlaine (Francia, 1844 – 1896)

domingo, 26 de abril de 2015

Juvencio Valle. XVI (de El hijo del guardabosque).

Volar en el bosque
Graciela Bello
Acuarela, collage y rotring sobre papel
Argentina

Bosque, dame las llaves de tu escondido reino;
fronda, tu vasto océano de delgadas harinas;
puelche, tu empuje frío, tu caracol sonoro;
río, tu cinturón de ceñir continentes;
noche, tus yunques fríos, tus herreros nocturnos;
cielo, tu permanente asamblea de pájaros.

Tierra, dame la fiesta de tus ardientes iris.
Topa-topa, tus oros; salvias, tus azulejos:
copihue legendario, tu purpurina veste;
chilco de los barrancos, tu faldellín morado;
michay de los linderos, tu tornasol celeste;
dondiegodelanoche, tu medallón morado.

Lingue, dame tu sombra suave como de aceite,
patagua, tu abrevadero de ángeles y pájaros:
laurel, tus hojas de oro para ceñir mi frente;
ulmo, tu colmenar de desbordadas mieles;
coigüe, tu paragüero de horizontales alas.

Araucaria orgullosa, dame tu alta columna;
roble, tu pecho áspero de gigante y atleta;
luma, tu acero heroico; quila, tus enramadas;
boldo, para mis males, tu virginal botica;
canelo, para mis dudas, tus altares abiertos.
Temuco de la Frontera, dame tu tren llovido;
Carahue zozobrante, tus oxidadas hachas;
Villa-Almagro lejano, tus abiertos diluvios:
Boroa, las leyendas de tus vírgenes rubias:
Imperial, el tesoro de tus aguamaniles;
Budi de los suspiros, dame tu Augusto Winter.


Juvencio Valle (Chile, 1900 - 1999)

sábado, 25 de abril de 2015

Kobayashi Issa. Haikús.

Kameido tenjin (Templo de Kameido)
de la serie Tôto meisho ichiran (Vistas famosas de la Capital Oriental) 
Katsushika Hokusai
Japón

camina la luciérnaga
evitando
el viento del otoño

*

en las tinieblas
lo que ronda mis ojos
es su sonrisa


Viento de otoño.
un mendigo me mira,
comparativo.


Kobayashi Issa (Japón, 1763 – 1827)

viernes, 24 de abril de 2015

Mario Benedetti. Te quiero.

Dos cabezas
Oswaldo Guayasamin

Tus manos son mi caricia 
mis acordes cotidianos 
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

tus ojos son mi conjuro 
contra la mala jornada 
te quiero por tu mirada 
que mira y siembra futuro 

tu boca que es tuya y mía 
tu boca no se equivoca 
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

y por tu rostro sincero 
y tu paso vagabundo 
y tu llanto por el mundo 
porque sos pueblo te quiero 

y porque amor no es aureola 
ni cándida moraleja 
y porque somos pareja 
que sabe que no está sola 

te quiero en mi paraíso 
es decir que en mi país 
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920 – 2009)

jueves, 23 de abril de 2015

Ernesto Cardenal. Yo he repartido.

Sobrevolando la ciudad
Marc Chagall
Óleo sobre lienzo
Galería Estatal Tretiakov, Moscú, Rusia.

Yo he repartido 
papeletas clandestinas

Gritando 
¡Viva la Libertad! 
en plena calle

desafiando a los 
guardias armados

Yo participé en la 
rebelión de abril

pero palidezco 
cuando paso por tu casa

y tu sola mirada 
me hace temblar.


Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925)

miércoles, 22 de abril de 2015

Mario Benedetti. Rostro de vos.

Tango
Pedro Figari
Óleo sobre cartón
Uruguay

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón

tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor

sin un temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos

estoy lleno de sombras
de noche y deseos
de risas y de alguna
maldición

mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos

pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada

las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada
ya mi rostro de vos
cierra los ojos

y es una soledad
tan desolada.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)

martes, 21 de abril de 2015

Ángel González. Me basta así.

El nacimiento de Venus
Sandro Botticelli
Temple sobre lienzo
Galería Uffizi, Florencia, Italia.

Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti; 
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia 
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando  -luego-  callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

Ángel González (España, 1922 – 2008)

lunes, 20 de abril de 2015

Pedro Miguel Obligado. Mis errores.

Autorretrato en reflexión
Nelson Maglio Olate Figueroa
Óleo sobre lienzo
Chile

No fue sino un error esperar tanto
las cosas que, quizá, no han existido
y esforzarme por ser lo que no he sido,
como aquel que sin voz, estudia canto.

No fue sino un error, lo mismo,
cuanto luché por comprender,
cuanto he querido;
y olvidar como el árbol florecido,
la otoñal enseñanza del quebranto.

El amor resultó un malentendido;
y así, hasta fue un error el desencanto,
pues perdí lo que nunca he conseguido.

Hoy, ante todo lo soñado y lo sufrido,
sé que aunque en mi experiencia, no adelanto,
gracias a mis errores he vivido.

Pedro Miguel Obligado (Argentina, 1892 – 1967)

domingo, 19 de abril de 2015

Pablo Neruda. A mi partido.

Brigada Ramona Parra
Ilustración
Tres y Cuatro Álamos Parque por la Memoria

Me has dado la fraternidad hacia el que no conozco.
Me has agregado la fuerza de todos los que viven.
Me has vuelto a dar la patria como en un nacimiento.
Me has dado la libertad que no tiene el solitario.
Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego.
Me distes la rectitud que necesita el árbol
Me enseñaste a ver la unidad y la diferencia de los hombres.
Me mostraste como el dolor de un ser ha muerto en la victoria de todos.
Me enseñaste a dormir en las camas duras de mis hermanos.
Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético.
Me has hecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría.
Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mí mismo.

Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973)

sábado, 18 de abril de 2015

Vicente Huidobro. Arte poética.

Abrir el cubo y encontrar la vida
Roberto Matta
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.

El Poeta es un pequeño Dios.

Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948)

viernes, 17 de abril de 2015

Tristan Corbière. Buena fortuna y fortuna.

El puente Langlois en Arles
Vincent Van Gogh
Óleo sobre tela
Museo Wallraf-Richartz, Colonia, Alemania.

                                                                             Odor della feminità

Yo, hago la calle, cuando es hermosa la naturaleza,
Para la traseúnte que, con un airecillo conquistador.
Querrá en verdad atrapar, con la punta de su sombrilla,
Un guiño de mi pupila o la piel de mi corazón...

Y yo me creo contento —¡no demasiado!— pero hay
que vivir:
Para olvidar un poco su hambre, el mendigo
se embriaga...

Un hermoso día —¡qué oficio!— esto hacía yo,
Mi paseo. —¡Oficio...! —Por fin, Ella pasó
—Ella, ¿quién?— ¡La Transeúnte! ¡Ella, con
su sombrilla!
Verdadero ayudante de verdugo, yo la rocé... —mas Ella

Me miró condescendiente, sonriendo desdeñosa,
Y..., me tendió su mano, y...
dos céntimos me dio.

                                     Rué des Martyres

(Traducción de Clara Janés y J.M.Martín Triana,Visor, 2003)


Bonne fortune et fortune

                                                                              Odor della feminita.

Moi, je fais mon trottoir, quand la nature est belle,
Pour la passante qui, d´un petit air vainqueur,
Voudra bien crocheter, du bout de son ombrelle,
Un clin de ma prunelle ou la peau de mon coeur…

Et je me crois content -pas trop !- mais il faut vivre:
Pour promener un peu sa faim, le gueux s´enivre…

Un beau jour -quel métier !- je faisais, comme ça,
Ma croisière, -Métier !…- Enfin, Elle passa.
-Elle qui ?- La Passante ! Elle, avec son ombrelle !
Vrai valet de bourreau, je la frôlait… –mais Elle

Me regarda tout bas, souriant en dessous,
Et… me tendit sa main, et…
                                               m´a donné deux sous.
                                               
                                                                               Rue des martyrs.

Tristan Corbière (Francia, 1845 – 1875)

jueves, 16 de abril de 2015

Charles Baudelaire. A una transeúnte.

Mujer con sombrilla
Auguste Renoir
Óleo sobre lienzo
Museo Thyssen-Bortemisza

Aullaba en torno mío la calle.Alta, delgada,
de riguroso luto y dolor soberano
una mujer pasó; con mano fastuosa
levantando el festón y el dobladillo al vuelo.

Ágil y noble, con su estatura de estatua.
Yo bebía crispado como un loco en sus ojos,
cielo lívido donde el huracán germina,
la dulzura que hechiza y el placer que da muerte.

¡Un relámpago!… ¡Luego la noche! -Fugitiva
beldad cuya mirada renacer me hizo al punto.
¿Solo en la eternidad podré verte de nuevo?

¡En otro sitio, lejos, muy tarde, acaso nunca!
Pues no sé a dónde huyes, ni sabes dónde voy,
¡Tú a quien yo hubiese amado! ¡Sí, tú, que lo supiste!

(de Las flores del mal)

A une passante

La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,     
Une femme passa, d'une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l'ourlet ;

Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.

Un éclair... puis la nuit ! - Fugitive beauté
Dont le regard m'a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l'éternité ?

Ailleurs, bien loin d'ici ! trop tard ! jamais peut-être !
Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
Ô toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais !

(de Les Fleurs du mal)

Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867)

miércoles, 15 de abril de 2015

Pablo Neruda. Oda al piano.

El piano
Ander Ortiz de Murua
Óleo sovre lienzo
España

Estaba triste el piano
en el concierto,
olvidado en su frac sepulturero,
y luego abrió la boca,
su boca de ballena:
entró el pianista al piano
volando como un cuervo,
algo pasó como si cayera
una piedra de plata
o una mano
a un estanque
escondido:
resbaló la dulzura
como la luvia
sobre una campana,
cayo la luz al fondo
de una casa cerrada,
una esmeralda recorrió el abismo
y sonó el mar,
la noche,
las praderas,
la gota del rocío,
el altísimo trueno,
cantó la arquitectura de la rosa,
rodó el silencio al leche de la aurora.

Así nació la música
del piano que moría
subió la vestidura
de la náyade
del catafalco
y de su dentadura
hasta que en el olvido
cayó el piano, el pianista
y el concierto,
y todo fue sonido,
torrencial elemento,
sistema puro, claro campanario.

Entonces volvió el hombre
del árbol de la música.
Bajó volando como
cuervo perdido
o caballero loco:
cerró su boca de ballena el piano
y él anduvo hacia atrás,
hacia el silencio.

Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973)